No hará falta que Vox llegue a la Moncloa para que se cuestione el autogobierno de Cataluña. Podemos se basta y se sobra para ir abonando ese camino. Ione Belarra irritó esta semana a muchos catalanes afirmando que cederles competencias de inmigración implicaba que “los Mossos puedan ejercer las funciones que hasta ahora hace la Policía Nacional, por ejemplo, redadas racistas”. Luego se indignarán porque se les llame jacobinos.
A poco que uno rasque verá que, en instancia última, la crítica de Podemos es a la cesión de competencias. De un lado, saben perfectamente que quien las gestionaría hoy sería Salvador Illa, investido por ERC y Comunes. Resultará que el PSC también es sospechoso en términos de integración y convivencia, como si ser catalán trajera aparejado la incapacidad de liberarse de ciertos instintos.
Segundo, porque Podemos se excusa en el preámbulo del pacto entre Carles Puigdemont y Pedro Sánchez, donde Junts asocia la pérdida de la lengua o la nación al fenómeno migratorio, para asegurar que la ley sería racista en sí misma. Es una falacia jurídica. Como recordó Jaume Asens, que la exposición de motivos de una ley sea muy desafortunada no quiere decir que obligue a hacer nada concreto. Las competencias no tienen una carga en sí mismas; ese valor moral se lo da Podemos. Asens, por cierto, reconoció que no le había gustado que sus colegas se opusieran a la cesión competencial a Cataluña simplemente porque Junts lo pedía.






