Aunque parezca raro, lo cierto es que se ha conseguido poner cierto orden en el tema de urbanismo y ordenación del territorio en España, después de muchos años de trabajo en la materia y de resoluciones de diferente tipo (judiciales, administrativas...) buscando evitar desvaríos al respecto. También es cierto que un amplio sector social se ha percatado de los graves problemas que implica esta materia y de las injusticias que conlleva. Me sorprende que se haya hablado tan poco en este país del Informe Euken, del Parlamento Europeo, que, en su momento, puso de relieve la existencia de una situación kafkiana en España por los abusos cometidos contra los extranjeros que adquirían vivienda en nuestro país y que determinó importantes novedades con ocasión de la reforma del Código Penal de 2015. En cualquier caso, el informe está ahí, pero el problema reside, sobre todo, en la poca memoria que, intencionalmente, tenemos cuando se trata de cosas que no convienen o que no interesan.

Ahora, sin embargo, las novedades afloran y las perspectivas cambian, aunque la base del problema sigue existiendo, dado que el turismo sigue exigiendo más habitáculos, igual que las generaciones más jóvenes, lo cual determina la búsqueda de nuevas soluciones. Y una de ellas —no la única—, son las declaraciones responsables. A medida que el tiempo avanza veo más problemas y menos sensatez a la hora de proceder a su aplicación. Pero si, además, hacemos uso de la Inteligencia Artificial, la cosa se complica. Es sabido que la IA consiste en la simulación de la inteligencia humana en máquinas que están programadas para pensar y actuar como seres humanos. Hasta ahí, perfectamente. La cuestión que inmediatamente aflora es ¿en qué estamos pensando los seres humanos? ¿tenemos presente la legalidad a ultranza, como debiera ser? ¿O, como ocurre con frecuencia, lo que se busca es la conveniencia y la oportunidad, en línea con el modus operandi de la corrupción?