La entrada en aplicaci�n de buena parte del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial convierte la gobernanza de la IA en una cuesti�n estrat�gica para los consejos de administraci�n. Durante los �ltimos a�os, la conversaci�n sobre inteligencia artificial ha estado dominada por sus posibilidades: automatizaci�n, eficiencia, productividad, personalizaci�n y capacidad de an�lisis se convirtieron en las palabras recurrentes de un debate empresarial marcado por el entusiasmo.Ese debate entra ahora en una etapa diferente. La pregunta relevante ya no es si las empresas deben utilizar o no inteligencia artificial. La cuesti�n verdaderamente importante es c�mo deben gobernarla.Este cambio revela una evoluci�n significativa en el grado de madurez de las organizaciones. Hemos pasado de la experimentaci�n al gobierno corporativo, de los proyectos piloto a la implantaci�n y del entusiasmo inicial a la responsabilidad.Hace un a�o, las compa��as ped�an ayuda para identificar casos de uso dentro de la organizaci�n. Necesitaban saber d�nde pod�a aportar valor la inteligencia artificial y qu� procesos pod�an automatizarse. Hoy son los consejos de administraci�n los que formulan preguntas de naturaleza muy distinta. �C�mo se gestionan los riesgos derivados de la implantaci�n de inteligencia artificial en las organizaci�n? �Qui�n responde si un agente de inteligencia artificial toma una decisi�n equivocada? �C�mo se controlan cientos de asistentes desplegados en una misma organizaci�n? �C�mo deben documentarse las decisiones adoptadas por la inteligencia artificial? �C�mo se miden sus riesgos? �C�mo se demuestra el cumplimiento normativo en tiempos de inteligencia artificial?Estas preguntas ponen de manifiesto que la conversaci�n ya no es tecnol�gica. Es una conversaci�n principalmente de gobernanza. Gobernar la inteligencia artificial significa, ante todo, conservar el control sobre su utilizaci�n. Supone saber qu� sistemas emplea la organizaci�n, con qu� finalidad y bajo la responsabilidad de qui�n. Exige identificar los riesgos, establecer controles, supervisar el funcionamiento de los modelos, gestionar las incidencias y revisar de manera continua las decisiones adoptadas.Tambi�n significa evitar que la responsabilidad quede diluida entre los departamentos de tecnolog�a, negocio, cumplimiento normativo, auditor�a interna, protecci�n de datos y asesor�a jur�dica. Cuando una herramienta condiciona decisiones empresariales, deben estar claramente definidos qui�n autoriza su uso, qui�n supervisa sus resultados y qui�n responde cuando algo no funciona como estaba previsto.No todos los usos presentan el mismo nivel de riesgo. Una herramienta destinada a agilizar una tarea interna no tiene las mismas implicaciones que un sistema que interviene en decisiones que afectan a clientes, empleados o terceros. Gobernar implica, por tanto, evaluar cada caso de uso y aplicar controles proporcionales a su impacto.Este es un terreno en el que los abogados tienen mucho que aportar. No en vano, la profesi�n jur�dica lleva d�cadas ayudando a las organizaciones a gobernar riesgos societarios, regulatorios, de protecci�n de datos o de ciberseguridad. La gobernanza de la inteligencia artificial constituye, sencillamente, el siguiente gran reto.En este contexto aparece una herramienta especialmente �til: la norma ISO/IEC 42001, cuya misi�n no es competir con el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial sino complementarlo.El Reglamento europeo de Inteligencia artificial expone el qu�. La ISO 42001 ayuda a entender el c�mo hacerlo: c�mo asignar responsabilidades, c�mo crear controles, c�mo supervisar modelos, c�mo gestionar incidencias y c�mo establecer procesos de mejora continua. En definitiva, permite convertir principios jur�dicos en procesos empresariales.La gobernanza no puede consistir �nicamente en aprobar una pol�tica interna o redactar una declaraci�n de principios. Debe convertirse en un sistema real de gesti�n, capaz de operar en el d�a a d�a de la compa��a y de adaptarse a la evoluci�n de los modelos y de sus usos.Eso es precisamente lo que demandan las organizaciones. Porque las empresas no necesitan �nicamente cumplir. Necesitan demostrar que cumplen. Esta diferencia es esencial. En un entorno regulatorio cada vez m�s exigente, no basta con afirmar que un sistema se utiliza de forma responsable. Resulta necesario acreditar que se han identificado sus riesgos, que existen controles, que los resultados se supervisan y que las incidencias se gestionan adecuadamente. La capacidad de aportar evidencias ser� tan importante como el propio cumplimiento. Y ser�, adem�s, una fuente de confianza al mercado.La confianza ser�, probablemente, la verdadera moneda de cambio de la inteligencia artificial. No ganar�n necesariamente las compa��as que utilicen m�s IA, sino aquellas capaces de demostrar que la utilizan mejor. Utilizarla mejor significa hacerlo de forma responsable, explicable, auditable y segura.En un mercado en el que muchas organizaciones tendr�n acceso a herramientas similares, el elemento diferencial no estar� �nicamente en la tecnolog�a empleada. Estar� en la forma de integrarla en la organizaci�n, en la solidez de los controles y en la capacidad de responder ante clientes, empleados, reguladores y socios comerciales.---* Alejandro Touri�o, presidente de la secci�n TIC del ICAM y socio director de Ecija.