La inteligencia artificial está entrando en una nueva fase dentro de las empresas. Después de unos primeros años marcados por herramientas generativas, chatbots y automatizaciones aisladas, las organizaciones empiezan a incorporar agentes capaces de planificar, ejecutar tareas e interactuar con sistemas corporativos con un mayor grado de autonomía.

Este salto está trasladando el foco hacia dos cuestiones decisivas: cómo gobernar esa nueva autonomía y cómo escalarla de forma segura y eficiente dentro de la organización. Según el informe 'The Value of AI 2026', elaborado por SAP y Oxford Economics a partir de una encuesta a 2.600 directivos de 13 países, la inteligencia artificial ya da soporte al 30% de las tareas empresariales, frente al 25% registrado un año antes, y se prevé que alcance el 48% durante los próximos dos años. Las expectativas de retorno asociadas específicamente a la IA agéntica también han pasado del 10% al 17% en un año.

Sin embargo, a medida que los agentes adquieren mayor capacidad de actuación el reto deja de ser únicamente tecnológico. "Cuando la inteligencia artificial deja de limitarse a responder preguntas y empieza a actuar, cambia la naturaleza del problema. Ya no estamos simplemente incorporando una herramienta tecnológica, estamos incorporando una nueva capacidad operativa dentro de la organización", explicó Albert Pijuan, CEO de NODUS.