Todavía con timidez por el madrugón, el sol abría los brazos sobre el campo de Valderrama, donde los cortacéspedes ya trabajaban a destajo y una cohorte de jardineros trataba con esmero y mimo los greenes. Por entonces, ya se acumulaban jugadores que pedían turno para salir al campo, para completar media vuelta o quizá el recorrido entero, entrenamiento de calidad. Como Thomas Pieters, Harold Varner III o Dustin Johnson, que llevaba embadurnada la cara con crema después de la canícula que azotó el día anterior, bofetada de 40 grados. También llegó pronto Cameron Smith, aunque quizá él, como todos los australianos del LIV, se animaron a jugar temprano porque al mediodía había un New South Wales contra Queensland de rugby, duelo por la televisión que les dejó absortos por un par de horas en la casa club. Minutos antes, sin embargo, Smith había tenido tiempo para acercarse a uno de los agrónomos de la Royal&Ancient (R&A) —rector mundial del golf que coopera con la USGA estadounidense en la revisión de las reglas del golf— y deslizar: “Felicite a los encargados del campo por la pureza de estos greenes”. El mejor piropo de uno de los mejores putteadores del planeta. “Están como nos gustan”, indica Javier Reviriego, director de Valderrama. “Tienen una rodadura perfecta”, se congratula Alfonso Ramos, greenkeeper del club.
La rodada perfecta de los ‘greenes’ de Valderrama
Los comisarios del LIV y la ‘Royal&Ancient’ señalan que no hay mejores ‘greenes’ en el circuito, rápidos y nobles, defensa para el torneo del fin de semana






