El murciano, que terminó tocado del isquio la final de Turín contra Sinner, no se ejercitará este martes en Bolonia pero confía en poder jugar el jueves ante Chequia
Jaume Munar, uno de los cinco integrantes que intentará conquistar estos días la séptima Ensaladera del equipo español, se expresa todavía asombrado: “¡Buah, increíble! Es una pasada. ¡Qué ritmo! ¡Parece que juegan al ping-pong!”. Los duelos entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner no son objetivo exclusivo de admiración por parte de los aficionados, sino también de los propios profesionales, impactados por la velocidad a la que...
transcurren esos peloteos eléctricos y encarnizados entre los dos fueras de serie. también por la continuidad; es decir, muerden uno y otro, y no se sueltan. Así de inicio a fin. Así de costa a costa. Las descargas se viralizan y la rivalidad continúa creciendo.
“La consistencia que tiene, punto tras punto, te genera un poco más de ansiedad; tú tienes que estar a ese nivel, o incluso más. Y el hecho de que siempre esté ahí, ahí y ahí es lo que hace a Jannik imparable”, describía la noche anterior al murciano, refiriéndose a esa opresiva sensación que siente el de enfrente cuando Sinner coge el tono y acelera, descerrajando tiros perfectos hacia todos los rincones de la pista. Entre ellos dos, buenas migas, chispas y más chispas y tenis siempre al límite. Lógicamente, los cuerpos no siempre resisten. Se resintió el de Alcaraz el domingo, en la final maestra, y ahora España aguarda: ¿Cómo llegará el número uno del mundo al estreno del jueves en la Copa Davis?






