— ¡Alvarito! ¡Venga, bro! Si me haces un ace te hago una croqueta… Te dejo cinco intentos…
— ¿Cinco?
— ¡Cinco! Malo sea…
— ¡Ahí la llevas! ¡Por listo!
Y, perdida la apuesta, Carlos Alcaraz cumple: se tumba sobre el césped de la pista de entrenamiento y comienza a rodar sobre sí mismo de un extremo a otro del cuadro de saque, entre las risas de los componentes de su equipo. A continuación, su fisio y su preparador, forzudos Juanjo Moreno y Alberto Lledó, ganan otra competición que consistía en meter la bola en el hoyo desde la distancia; el putt del murciano se queda excesivamente corto, el de Juan Carlos Ferrero tropieza con otra pelota que interrumpe la trayectoria: “¡Nooooo!”. “Esto es como el recreo…”, dirá después el tenista conforme se retira hacia el vestuario. Se le ve feliz, relajado, tranquilo. Nadie diría que se juega lo que se juega.






