Aunque no lo sepa, él, David, locutor de la radio nacional checa, se ha convertido en otro de los protagonistas entre bastidores en este US Open; mejor dicho, su voz, que hoy va apagándose poco a poco porque después de semana y media poniéndole la cabeza como un bombo a todo el mundo con sus retransmisiones en la sala de prensa, a grito pelado horas y horas, sucumbe al devenir de los acontecimientos: de entrada pierde a su primera baza, Barbora Krejcikova, y a continuación, también en la inmensa pista central, se inclina el fornido Jiri Lehecka, reducido sin miramientos por un Carlos Alcaraz que atraviesa la frontera hacia las semifinales en la línea de estos días. Es decir, con las manos en los bolsillos y silbando: 6-4, 6-2 y 6-4, en 1h 55m.
Hasta aquí, adentrado ya en el terreno de lo comprometido, una señora demostración de superioridad por parte del murciano, quien ha ido descontando días, noches y rondas en forma de productivos ensayos y rodaje, plácidamente; sin mayor inquietud que una pequeña molestia en la rodilla derecha que se borró de inmediato. Era la tercera ronda. El único susto. Un camino ideal que le ha servido para constatar las buenas sensaciones adquiridas previamente en Cincinnati y que corrobora la enorme brecha entre los dos cabecillas y el resto de los competidores; hasta cierto punto paradójico, teniendo en cuenta que hoy día el juego se ha homogeneizado y deciden muchas veces el físico y los matices. No es el caso. No en el de él y Sinner.








