Cuenta Juan Carlos Ferrero en el podcast PlayGolf que su jugador, Carlos Alcaraz, es capaz de despedir el drive hasta 30 metros más lejos que él; signo evidente de la potencia del brazo derecho del murciano, verdaderamente abrasador. Un día antes, Roberto Bautista era capaz de domar la (descontrolada) impetuosidad del danés Holger Rune, pero esta vez se enfrenta a lo diferente: una bola meteórica que se le viene encima a dos mil por hora y le atropella, por más que el castellonense recule y orden la posición con ese fantástico movimiento de pies. Son dos danzarines en acción, pero el veterano sonríe y lo reconoce, “qué bueno es este chaval”, y sencillamente cumple con su parte. Efectivamente, poco más se puede hacer: doble 6-4, tras 1h 29m.
Inabordable, hoy por hoy, este Alcaraz tan concentrado y tan versátil que lo mismo vence por demolición, por fantasía, por inercia o volteando situaciones tan peliagudas como vivida en la última final de Roland Garros. Resurgió a lo grande ante Jannik Sinner y, tan solo dos semanas después, tendrá este domingo a tiro (15.00, Movistar+) otro título después de una nueva prueba de superioridad contra Bautista. Tiros, recursos y soluciones por doquier, en una ebullición que sigue y sigue porque al margen del italiano, no parece haber adversario capaz de sostenerle el pulso sobre una pista de tenis. Lo intenta con toda su ortodoxa y su buen hacer este último, pero también choca con la versión más confiada, robusta y mejorada del murciano.








