La sinopsis corta podría ser: “Un maduro hombre corriente hace algo extraordinario”. En la larga entrarían sus allegados: “Un padre de familia rescata a su hija de las garras de una banda de terroristas/narcotraficantes/gerifaltes de la trata de blancas”. O “un exespía/policía/soldado se rebela ante la injusticia cometida con su familia/comunidad/ciudad”. O “un exdeportista retorna a la competición a la búsqueda de una hazaña postrera”. Ante todo que quede claro que es un veterano al que le van a doler las caídas y los mamporros, que sabrá más por viejo que por diablo y que, obviamente, acabará triunfando al final de la película.

Así son las “películas de padres”, un subgénero que ha estallado en las carteleras en los últimos años, y que se denomina con esa expresión porque interpela directamente a un público, el de los progenitores. Si el cine de animación tira de la familia a través de los niños, el cine de padres o para padres arrastra a ese hombre que aún cree que podría ser un héroe como los de la pantalla, como un personaje encarnado por Bruce Willis (antes de su retirada), Denzel Washington, Gerard Butler, Ben Affleck, George Clooney, Russell Crowe, Kevin Costner, Harrison Ford y los reyes de este territorio, Tom Cruise y Liam Neeson.