Que coincida en las salas el cierre de dos sagas tan populares, y por ende, tan taquilleras, como Misión: Imposible y Padre no hay más que uno probablemente quiera decir algo de un cambio de paradigma. Sin embargo, Tom Cruise y Santiago Segura (sus respectivos motores cinematográficos) ya han hablado de sus próximos proyectos, y con ellos ambos vuelven a sus esencias, lo que subraya que saben cuál es su público y lo miman (el madrileño ha apuntado la posibilidad de Torrente presidente). Más aún, los dos defienden a uñas y dientes las salas de cine y las alimentaron según acabó el confinamiento. Recibieron, a cambio, el cariño de los espectadores: en el caso de la saga Padre no hay más que uno, que se clausura ahora con su quinta entrega, ha vendido más de nueve millones de entradas. Y el cierre dejará buen sabor de boca a sus fans, porque su creador sabe hacer la ensalada; ahora bien, le falla el aliño.

Para los pocos que lleguen a las salas sin saber mucho de Padre —su inicio se basó en la argentina Mamá se fue de viaje—, Javier García (Santiago Segura) y Marisa Loyola (Toni Acosta) tienen seis hijos, y de acoplados albergan a la pareja de su hija mayor y a la consuegra, y de satélites pasean por la casa la madre de él, el padre de ella (van y vienen por culpa de unas obras) y los cuñados, además de una criada desbordada por tanta boca que alimentar. De ahí el subtítulo, Nido repleto. Nadie se emancipa, todos se quedan. Con ocho basta aunque en desbaratado. Por supuesto, son de clase media/alta —viven en un chalet donde cada noche duermen 10 personas, eso sí, con un único baño— gracias al colchón económico obtenido con la creación, por Javier, de una asistente virtual llamada Conchy.