Chus Mateo extiende las manos sobre la mesa, las palmas hacia abajo, cuando se sienta ante el micrófono en la sala de prensa de Valdebebas. Es el reflejo de un hombre tranquilo que medita lo que dice y transmite una sensación de calma para ejercer un cargo que es todo lo contrario. “Estar en el Real Madrid no es nada fácil”, afirmaba el entrenador blanco este miércoles por la noche en la Fonteta después de conquistar la Liga con un rotundo 3-0 en la final contra el Valencia Basket. Brotaron entonces todas esas emociones contenidas en una temporada muy dura anímicamente para el preparador madrileño de 56 años.

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La continua reivindicación a la que se ve sometido desde que en 2022 sustituyera en la pizarra a Pablo Laso y la profunda renovación de la plantilla el pasado verano han convertido este curso en una cuesta arriba coronada con el título de Liga. Es la única alegría de la temporada después de perder contra el Unicaja Málaga las finales de la Supercopa y de la Copa y de quedar fuera de la Final Four de la Euroliga. La cosecha no es mala dadas las circunstancias, pero el perfil bajo del técnico y la demanda de más éxitos no garantizan que cumpla el año de contrato que tiene firmado con el Madrid.