El alero gallego del Real Madrid reflexiona sobre su juego y su personalidad antes de la disputa de la Copa del Rey

Alberto Abalde acaba el entrenamiento del Real Madrid con una tirita blanca en el párpado derecho. Es la pequeña herida de guerra que luce el alero gallego de 30 años y 2,02m en medio de un calendario que no da tregua. Mañana comienza la Copa del Rey en Valencia y al conjunto blanco le espera una dura batalla para empezar,

vigente-campeon.html" data-link-track-dtm="">un cruce de cuartos de final contra el campeón vigente, el Unicaja Málaga. Abalde está listo para las trincheras como siempre desde que llegó al equipo madridista en 2020 tras pasar por el Joventut y el Valencia. Ese espíritu guerillero en medio de tanta estrella es apreciado en el vestuario. Fuera, estudia para ser entrenador y cuida de su hija de ocho meses, que le acompañará en Valencia. Y cuando puede, vuelve a casa y al mar.

Pregunta. ¿Cómo es eso de ser un vigués nacido en Ferrol?

Respuesta. Mis padres vivían en Ferrol y allí nací yo, pero con un año ya me fui a Vigo y ahí pasé toda mi infancia. De ahí son mis amigos. Me considero vigués aunque le tengo un cariño especial a Ferrol porque es la tierra de mis abuelos, que son muy importantes para mí. Como es provincia de A Coruña, a veces en las retransmisiones por la tele me llaman “el coruñés”, y mis amigos de Vigo se meten conmigo por la rivalidad que hay en el fútbol entre el Celta y el Deportivo. Yo soy del Celta.