La bola decisiva del último partido de tenis entre Sinner y Alcaraz. El enésimo fuera de juego que le pitan a cualquier rival del Barça de Hansi Flick. O la corrección automática de posturas para evitar lesiones como la que apartó a Carolina Marín del oro en los Juegos de París. Para todo esto ya se usa la visión por ordenador o computadora. Esta rama de la inteligencia artificial (IA) también está detrás de la identificación automática de amigos en las fotos, los coches autónomos y otras revoluciones incipientes, como la robótica avanzada o el descubrimiento de nuevas proteínas. Pero el objeto codiciado de la visión artificial (VA) somos los humanos: según un estudio publicado en Nature, la principal revista científica, la inmensa mayoría y de los estudios (papers, en la jerga) y las patentes derivadas se centran en las personas, en identificar sus distintas partes, lo que hacen y los entornos donde se mueven.
Investigadoras de varias universidades de Estados Unidos y Europa han recopilado miles de papers y también miles de patentes presentados o registradas desde 1990, cuando la investigación en visión artificial aún limitaba con la ciencia ficción. Entonces extraer información de una imagen o un vídeo era todo un reto para las máquinas. Aún lo sigue siendo, como demuestra el uso de CAPTCHA visuales para confirmar que somos humanos. Sin embargo, la VA ha ido avanzando tanto en capacidad de analizar datos como en habilidad para interpretarlos. Son muchos los campos en los que la visión artificial está ayudando a los humanos. Pero también tiene su reverso y es enorme.







