Después de aquel anuncio de que la IA se haría cargo de las designaciones arbitrales, el intento se ha ido rebajando hacia el nivel de “elemento consultivo” hasta, me parece, evaporarse discretamente. Solo sirvió para sembrar cizaña cuando se descubrió que el joven ‘hacker’ que responde por Chema Alonso, designado para encabezar el operativo, es hombre de arraigada fe madridista. Una serpientita de verano que se evaporó rápidamente. No fue la única baja prematura en el equipo primigenio de Fran Soto, el CEO designado por Louzán para la cosa arbitral: también se cayó del cartel antes del debut el que iba a ser responsable de los árbitros auxiliares, al que le salió de golpe un trabajo mejor. No es un buen inicio del flamante CEO, que, por otra parte, ha tomado la polémica decisión de mantener al frente del arbitraje femenino a Yolanda Parga, pareja de Megía Dávila, el árbitro que trabaja en el Madrid.
La designación, pues, seguirá a cargo de un triunvirato, fórmula utilizada y abandonada con tanta frecuencia como otras: designación directa, sorteo puro, opinión los dos equipos a enfrentarse, ordenador… La designación es la madre del cordero. Todos los clubes quieren palomas en casa y halcones fuera. Basta que te concedan eso para que termines el campeonato con unos cuantos puntos más. Los que quieren hacer sentir el peso de su mando manejan las designaciones con ese norte, produciendo así una lluvia fina que termina por dar resultado. Me figuro, por no decir que estoy seguro, que lo que pretendió y a mi juicio consiguió el Barça con sus óbolos a Enríquez Negreira, tan extendidos en el tiempo y cortados justo cuando dejó su cargo de vicepresidente del CTA, era eso. En el triunvirato entra, para disgusto del colectivo arbitral, un entrenador, Gregorio Manzano, que acompañará a Teixeira Vitienes y al propio Fran Soto.






