La secuencia de fechas se presentaba óptima para que el impetuoso papa polaco le enviara un mensaje al prometedor político andaluz. Si las elecciones de la primera mayoría absoluta de Felipe González habían sido el 28 de octubre de 1982, solo tres días después empezaba el primer viaje apostólico de Juan Pablo II a España. Así que la visita brindaba a Karol Wojtyla la oportuni...

dad de dejarle un recado en Madrid al primer presidente del Gobierno español de izquierdas desde la Segunda República. Lo hizo. Y no fue una bienvenida, sino una advertencia.

—Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente —solemnizó en una multitudinaria misa.

Incluso antes de tomar posesión, González recibía del jefe supremo de la Iglesia un aviso de rotunda oposición a sus planes de despenalizar el aborto, mensaje respaldado por los obispos españoles, entre los que cundía la inquietud por la llegada del PSOE al poder tras la experiencia republicana, como cuenta Ángel Luis López Villaverde en El poder de la Iglesia en la España contemporánea (Catarata, 2013). Aquella homilía del 82 fue el anticipo de una larga historia de tensiones y choques entre la cúpula de la Iglesia y los gobiernos socialistas, una serie de más de cuatro décadas de sotanas agitadas que acaba de ampliarse con la petición por parte de la Conferencia Episcopal Española (CEE) de un adelanto electoral por el caso Ábalos-Cerdán.