El bombardeo de Estados Unidos contra las instalaciones nucleares de Irán este domingo ha dado un vuelco a la cumbre de la OTAN que se inaugurará este martes en La Haya. Los acontecimientos en Oriente Próximo serán ahora unos de los grandes protagonistas de una reunión que iba a centrarse casi exclusivamente en un asunto: el aumento del gasto en defensa al 5% del PIB por parte de los países europeos y Canadá, según la exigencia que ha marcado el presidente estadounidense para esta cumbre aliada.

El presidente tiene prevista su llegada a Países Bajos el mismo martes, día de inicio del encuentro, más tarde de lo esperado. La cita de líderes de los 32 países miembros y sus invitados (otros países que colaboran con la Alianza) se había dibujado a la medida del presidente estadounidense, para que Trump, escéptico sobre todo lo que huela a multilateral y desdeñoso con sus socios europeos, no sintiera la tentación de replantearse repentinamente la permanencia de Estados Unidos dentro de la Alianza, como ocurrió en 2018, en su primer mandato en la Casa Blanca.

Ahora, el ataque contra Irán, el primero de las fuerzas estadounidenses contra este país desde el triunfo de la Revolución Islámica del Ayatolá Jomeini en 1979, acaparará toda la atención. No está claro hasta qué punto la Administración de Trump había alertado a los aliados de que iba a lanzar ese golpe. Queda por evaluar hasta qué punto está dañado el programa nuclear iraní: el presidente de EE UU asegura que ha quedado “pulverizado”, pero imágenes aéreas y valoraciones de expertos en Israel y EE UU apuntan a que el daño no ha sido total. Y, sobre todo, se aguarda a ver cuál será la respuesta de Teherán, que denuncia que los bombardeos “han cruzado una línea roja”. De momento, el régimen ha amenazado con el cierre del estrecho de Ormuz, una vía vital para el comercio petrolero del mundo.