“Primero viene la fuerza, luego viene la paz”. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha resumido con esa frase los derroteros que ha tomado la guerra en Oriente Próximo poco después de que Estados Unidos haya bombardeado Irán. Esta es la crónica de un ataque anunciado. En Israel se daba por hecho que Washington se iba a unir a la ofensiva sobre Irán desatada el pasado 13 de junio. La incógnita que quedaba por despejar era solo el cuándo.

El ejército israelí ya ha pedido a la población, que vive desde hace diez días en estado de alerta y con el país a medio gas, que limite su actividad únicamente a las esenciales. Dan a entender que la República Islámica puede intensificar el lanzamiento de proyectiles en las próximas horas. Las bombas estadounidenses han empezado a caer sobre territorio iraní 24 horas después de la última oleada de misiles del régimen sobre Israel. Arranca el domingo en el Estado judío, primer día de la semana, y, de momento, no han saltado las alarmas que avisen de un nuevo ataque.

El primer ministro Netanyahu ha comenzado un mensaje de vídeo grabado felicitando a su par, Donald Trump, por “su audaz decisión de atacar las instalaciones nucleares de Irán”. Es algo, añade el mandatario, que “cambiará la historia”. Manteniendo su retórica bélica asentada en que Irán es el enemigo número uno, ha agregado que “la historia registrará que el presidente Trump actuó para negar el régimen más peligroso del mundo, el arma más peligrosa del mundo”.