La jubilación de la generación del baby boom estresará las cuentas de la Seguridad Social hasta unos límites desconocidos en la próxima década, por tratarse de una cohorte muy voluminosa (se calcula que son algo más de siete millones y medio de personas las nacidas entre 1957 y 1977) y porque percibirán pensiones, de media, más altas que las actuales. Por ello, el Ministerio que dirige Elma Saiz trabaja en distintas vías que palien este exceso de gasto ―la principal pasa por favorecer el alargamiento de las carreras profesionales― y ahora ha puesto el ojo el definir una pasarela para aquellos pensionistas que deseen regresar al mercado laboral, compatibilizando pensión y salario. Una fórmula que se conoce como jubilación flexible.

Esta modalidad de retiro, actualmente marginal, está pendiente de reforma tras la entrada en vigor el pasado abril de cambios en las jubilaciones activa, demorada y parcial. Por eso el pasado lunes Seguridad Social trasladó un borrador a los agentes sociales, cuyo contenido adelantó el diario ABC y al que ha tenido acceso EL PAÍS, en el que se definen algunos de los requisitos y límites para fomentar esta vía de regreso a la actividad una vez jubilado. Pese a que se maquillan algunos detalles para hacerla más atractiva, lo cierto es que tampoco permite que quienes se acojan a ella puedan sumar más tiempo de cotización o mejorar el complemento económico por demora, ya que se trata de personas que ya se han jubilado y, por tanto, ya perciben una pensión.