Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha puesto en la parte más alta de su lista de prioridades exigir a los aliados de la OTAN que incrementen su gasto en defensa al 5% del PIB. En paralelo, Estados Unidos ha emprendido el desmantelamiento de USAID, la mayor agencia de cooperación al desarrollo del mundo, para dedicar esos recursos, entre otras cosas, a engordar el presupuesto militar. Bajo la presión de Trump, las principales economías europeas, algunos de los donantes de mayor peso en el sistema de ayudas internacionales, han seguido los pasos de Washington.

En un mundo asolado por los conflictos, las crisis humanitarias y el ascenso de la extrema derecha, representantes de más de 150 países se citan en Sevilla a finales de mes para discutir el futuro de la cooperación internacional y cómo dar continuidad a décadas de esfuerzos, que van desde la mitigación de la crisis climática y la atención de enfermedades hasta la defensa de los derechos humanos y la consolidación democrática.

El Centro para el Desarrollo Global, un laboratorio de ideas de Washington, cifra el coste humano de la ayuda retirada por la Administración de Trump en 3.824 muertes diarias por VIH/sida, 428 por malaria y 354 por tuberculosis, así como 1.504 fallecimientos cada día por carencias en el apoyo humanitario. El impacto puede ser mayor si la UE continúa con los recortes: los Veintisiete son el principal donante bilateral de ayudas oficiales al desarrollo, un 25% de los fondos totales, según Naciones Unidas.