El paradigma de la cooperación al desarrollo tejido por Occidente durante décadas dio un vuelco a finales de enero. Donald Trump, recién regresado al 1.600 de la avenida Pensilvania de Washington, decretaba el olvido a los más pobres del planeta durante al menos cuatro años, los que estará en el poder. La congelación y posterior desmantelamiento de la agencia de cooperación al desarrollo de Estados Unidos (USAID), la mayor agencia de cooperación del mundo, era una enmienda a la totalidad de la política seguida durante décadas por demócratas y republicanos. Cinco largos meses después y bajo la batuta de la ONU, el resto del mundo se cita en Sevilla para llenar ese vacío y dibujar un nuevo horizonte para el desarrollo. Un reto que ha empezado a tratarse este viernes en el foro de análisis económico, político y de pensamiento World in Progress, organizado por el Grupo Prisa (editor de EL PAÍS) y celebrado este viernes en Madrid.
No será fácil. Los frentes son múltiples, casi inabarcables. Hay dos grandes guerras abiertas (Ucrania y Oriente Próximo) que, a su vez, opacan un sinfín de conflictos olvidados, sobre todo en África. La deuda aprieta, con varios países pobres y en vías de desarrollo pendiendo de un hilo. La cooperación tributaria entre países, eterno caballo de batalla en la lucha contra los paraísos fiscales y asimilados, se ha estancado y Washington amenaza con darle la estocada. Y está por ver, en fin, en qué termina el impulso retórico a los proyectos verdes y de apoyo a la biodiversidad, un campo en el que la retirada estadounidense es particularmente dañina. Muchos temas a abordar en la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de la ONU, que se celebrará entre el lunes y el jueves de la semana que viene bajo el abrasador calor sevillano.






