En la ciénaga del Congreso en la que se representan las sesiones de control es imposible ya debatir de nada que no sea sobre el pus de la corrupción. El tufo es insoportable. Ninguna discusión útil es viable.
arget="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2025-06-18/ultima-hora-de-la-actualidad-politica-en-directo.html" data-link-track-dtm="">Lo intentó, en un momento oasis, un diputado del PNV sobre las carencias de tripulaciones para mantener la pesca y casi resultó una caricatura, como luego le reprochó un portavoz del PP que le ubicó como otro más de los cómplices “atrapados en la red” de los casos que están sepultando al Gobierno. Otro parlamentario popular lo probó sobre los malos datos micro de la tan cacareada macroeconomía del país y el obviado ministro Carlos Cuerpo tuvo que reseñar que el PP llevaba 537 días sin interesarse en esos duelos dialécticos ni en él ni por su materia.
Todo da ya igual y en el hemiciclo se puede escuchar cualquier blasfemia o incriminación, sustentada o aparente, que parece que no pasa nada. Pero sí pasa. La vicepresidenta primera, María Jesús Montero, se lo afeó al mayor hincha de las algaradas del PP, Miguel Tellado, que abusó de la nueva categoría para sentenciar socialmente a cualquier rival: “los implicados”. No hace falta ni ser investigado, imputado, procesado, juzgado o condenado. Todo eso es ya demodé. La gravedad de lo ya sabido por el caso Cerdán&Ábalos es de tal nivel que recurrir a la “quironesa Ayuso”, el Mazón de sobremesa sin fin en El Ventorro o el abultado álbum de fotos de Feijóo con el narco Dorado apenas recoge ningún eco. Y se intuye un reguero aún peor de excrementos y descubrimientos que no se pueden eludir como meras anécdotas.






