Si las medidas puestas en marcha no logran dar con la cura, la crisis de la Bolsa española irá en aumento. La salud del parqué español se puede medir de distintas formas, pero el diagnóstico no es positivo: cuenta con un número de empresas cotizadas menguante, las salidas a Bolsa son escasas y los pequeños inversores tienden a sentirse más atraídos por empresas con estratosféricas revalorizaciones de otras geografías. Unos síntomas que tienen su razón de ser en problemas que comparte con sus compañeras europeas, aunque otros están ligados a las características propias de la economía española. Ante esta situación, se ha activado recientemente una batería de medidas para intentar solventarla. La misión es clara: hacer las Bolsas europeas grandes de nuevo.
“La situación no es buena porque los mercados de renta variable no se han desarrollado lo suficiente en la última década. Muy al contrario, han sufrido en toda Europa en general un retroceso importante”, lamentaba semanas atrás Carlos San Basilio, presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Por partes, el número de empresas cotizadas en la Bolsa española es el más bajo de los últimos 25 años. En la actualidad, los inversores solo pueden comprar y vender acciones de 129 compañías, cuando hace una década esta cifra alcanzaba las 155. Los episodios de exacerbada volatilidad en el mercado detonados en los últimos años por la pandemia, la crisis global derivada de la escalada de los precios y la consiguiente subida de los tipos de interés, las tensiones geopolíticas y ahora comerciales han sido el caldo de cultivo para que las empresas optaran por aplazar, o cancelar, sus planes de debutar en el parqué y fueran pocas las que se lanzaran por protagonizar el toque de campana. HBX, matriz de uno de los gigantes mundiales de las reservas de camas hoteleras Hotelbeds, es por ahora el único estreno del parqué español en 2025 y sigue los pasos de Puig, que se colocó entre las mayores ofertas públicas de venta (OPV) del año pasado.






