En el punto medio de su vida, una mujer se propone conducir sola de Los Ángeles a Nueva York. Acaba de cobrar veinte mil dólares por una frase sobre masturbarse “que sacada de contexto le cuadraba también al whisky”. La idea es celebrar los 45 a 4.000 km de su familia —un marido afable y un hijo no binario—, derrochar en hoteles y teatros, pero el plan se tuerce y acaba pernoctando en un motel sórdido a media hora de casa. Ahí pasa las tres semanas del supuesto viaje, experimentando un despertar sexual salvaje y perturbador.

Luego, tras el regreso al hogar, llega la necesidad de replantear los términos de su matrimonio. Con esta premisa, la segunda novela de Miranda July, A cuatro patas —que publica Random House en castellano y Angle en catalán con el título De quatre grapes—, se convirtió en tal fenómeno boca-oreja en Estados Unidos que The New York Times dedicó un reportaje a “las mujeres que están reconsiderando sus familias y matrimonios a causa de Miranda July”. Si había un hueco en el mercado, esta novela lo llenó con creces.

July, que hoy tiene 51 años pero comenzó a escribir la novela a los 45, está lejos de ser una artista hermética o inaccesible. Su apuesta era ambiciosa: encontrar un lenguaje para hablar de la mediana edad femenina, de asuntos que suelen discutirse a puerta cerrada como la perimenopausia y sus altibajos hormonales, los cambios en la libido o la fragilidad de la monogamia. Qué hacer con los matrimonios que sobreviven por inercia, o con los arranques de deseo que sacuden sus fundamentos.