El pasado delictivo de un venezolano lo puso en la mira de las autoridades migratorias de EE. UU. Sin embargo, su familia estaba decidida a mantener el contacto.

Saul Martinez para The New York Times

Por Allison McCann

El 15 de febrero, Carlos Enrique Itriago Arevalo se puso un uniforme de sóftbol de color verde menta, se comió un tazón de cereal y salió corriendo para ir a su partido de liga amateur. Era temprano, antes de las 7 a. m., y su esposa y su hijo de 9 años todavía dormían.

Tenía tanta prisa que se olvidó de su teléfono. No logró pasar las puertas de su complejo residencial en Florida antes de que varios agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) lo detuvieran.