A Dahud Hanid Ortiz, ciudadano estadounidense repatriado desde Venezuela como parte de un canje de presos a tres bandas con El Salvador, se le perdió la pista la semana pasada, cuando aterrizó en Texas a bordo de un vuelo fletado por la Administración de Donald Trump. Blandía una banderita con las barreras y las estrellas, y exhibía una amplia sonrisa, mezclado entre el resto de los miembros del grupo: otros nueve presos devueltos gracias a las gestiones del Departamento de Estado, que vendió esa “vuelta a casa” como el ansiado regreso de unos “presos políticos”. Lo cierto es que Ortiz cumplía condena en Venezuela por el brutal asesinato en 2016 de tres personas en el barrio de Usera, en Madrid.
Este jueves, The Washington Post desveló citando una fuente anónima que el criminal sigue en Estados Unidos y que está en libertad. Esa fuente da a entender que “nadie le estaba siguiendo la pista” y que por eso ahora no saben de su paradero. No era la primera vez que Ortiz, que fue marine durante 17 años y sirvió en Irak, donde fue condecorado por su heroísmo antes de que lo expulsaran del cuerpo, trataba de colarse en un canje de prisioneros con Estados Unidos.
En el grupo en el que se le incluyó había turistas que los activistas en defensa de la democracia en Venezuela denuncian que el régimen de Nicolás Maduro usa como moneda de cambio. Ortiz llevaba algo más de seis años y nueve meses entre rejas, tras su detención de un crimen de amplio eco mediático en España, donde se lo conoce como “el asesino de Usera”.









