¿Puede el vino ser arte? Para Marta Cortizas, la respuesta es un sí rotundo. La última ganadora del Campeonato de España de Sumilleres siempre pensó que se dedicaría a la música, la danza o la interpretación. La misma sensibilidad que la llevó a estudiar Bellas Artes le permite moverse ahora con resolución en un mundo de aromas y sabores, improvisar con naturalidad en la atmósfera estresante de una competición de vinos o deslizarse como una bailarina por la sala del triestrellado El Celler de Can Roca de Girona, donde trabaja como sumiller.

Esta gallega nacida en A Coruña en 1992 tiene una capacidad poco común para impregnarse de todo lo que la rodea. Alegre y energética, se declara cercana para lo bueno y para lo malo: “Lo absorbo todo como una esponja; tengo la empatía amplificada”, dice.

Los fines de semana de su infancia discurrieron entre la aldea materna del concello de Monfero, en el parque natural de Fragas do Eume, “una zona de montaña tranquila”, y la paterna en Villarmayor, “más abierta por la cercanía al mar”. Cree que esa mezcla de espacios fue esencial para conformar sus percepciones sensoriales.

El resto llegaría con su pareja, el cocinero Javi Alonso, curtido en fogones de Pontevedra como Casa Solla u O Eirado da Leña. Ella estuvo varios años en la sala de Casa Solla, ya que compatibilizó sus másteres de arte y diseño de moda con el trabajo en hostelería y en tiendas de moda.