Liz Pelly (Nassau, Nueva York, 35 años) llevaba desde la adolescencia escribiendo sobre música para distintos blogs y medios de comunicación hasta que se cansó de las entrevistas de promoción y de escribir artículos-lista donde resumía en cinco líneas álbumes enteros. Como buena milenial, sabía que poco quedaba de aquel internet utópico que democratizó el consumo de música, haciéndolo más accesible hasta que la piratería se convirtió en problema global. La llegada de las plataformas de streaming lo cambió todo y en 2016, esta editora decidió empezar a investigar a Spotify y sus mecanismos de consolidación corporativa a través de sus listas.
Tras casi una década de trabajo, la también profesora adjunta de la New York University (NYU) ha publicado Mood machine (Simon& Schuster), una investigación con más de un centenar de fuentes en el que no solo descubre las políticas extractivistas de la plataforma, sino que dibuja un panorama de control de consumo que ha aplanado el gusto musical. Nos citamos con ella en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) poco antes de su charla con el periodista Shawn Reynaldo sobre los costes de la lista perfecta, dentro de la programación del Primavera Pro.






