John McEnroe (Wiesbaden, Alemania; 66 años) atiende a una reducida selección de periodistas, entre ellos EL PAÍS, poco después de jugar uno de los partidos de las leyendas en Roland Garros. Se le ve como siempre: fino, en forma, divertido. Estos días combina los análisis en Eurosport —canal que ofrece en directo y exclusiva todo el menú del grande francés— con algunos ratos en la pista. Exagera al decir que su nivel actual “es mediocre”, porque el estilo y los golpes siguen intactos, aunque se “enorgullece” de poder pelotear de vez en cuando c...
on sus hijos. Antes también practicaba algo de baloncesto, pero se lesionaba “demasiado a menudo”. Se entrena “cinco o seis días, pero solo para sudar y porque”, puntualiza, “estamos todo el día sentados y hay que hacer algo para compensar eso”.
Recientemente, coincidió con Carlos Alcaraz sobre las bicis de la sala de calentamiento y mantuvieron una divertida charla sobre edades en la que el murciano, de 22 años, le piropeó por su físico y le deslizó que envidiaba su genética. “Le dije: gracias por mentir. Estaba teniendo un día duro y eso me hizo sentirme mejor”, comenta. De edad también se habla el día después de la eliminación de Novak Djokovic, quien a sus 38 continúa rebelándose y plantándoles cara a los jóvenes fenómenos. “Lo que está haciendo es increíble. Yo digo que es el LeBron James del tenis porque físicamente es increíble que todavía pueda hacer lo que hace. Todavía tiene hambre, esa voluntad de sacrificio y de superarse todo el rato… El hecho de que todavía pueda encontrar la manera de motivarse es una locura”, aprecia.







