El catalán, hombre polifacético, se ha convertido en una de las grandes referencias entre los comentaristas del tenis. Charla con EL PAÍS desde la óptica comunicativa

Radio, televisión, redes sociales. Conferencias motivacionales. Padre de tres hijas. También, viajes de aquí para allá. “Y mañana tengo francés a las once… Porque doy clases cada semana para ir perfeccionándolo, al igual que con el inglés”. Àlex Corretja (Barcelona, 51 años) es un alma inquieta y “supertransparente” que en el transcurso de la conversación enseña una libreta llena de garabatos con precisiones para las retransmisiones y apuntes personales del día a día: “Intento ser el mejor padre posible, la mejor pareja posible, el mejor hijo posible”. El ejercicio físico le ayuda a “refrescarse mentalmente” y a “estructurar bien el resto” de la jornada. A partir de ahí, se enciente el pilot...

o rojo y él, sencillamente, fluye. Es comentarista de Movistar+ durante los torneos más importantes de la temporada del tenis. “Estoy hablando mucho, ¿no?”, dispara tras la primera contestación.

Pregunta. ¿Cómo demonios logra alcanzar un equilibrio?

Respuesta. Hoy día, lo fundamental en mi vida es disfrutar de todo lo que hago en cada momento, y tengo la gran suerte de que puedo escoger; decido dónde quiero estar y con quién quiero estar, y eso es un privilegio infinito. Me ha costado años el poder gestionar todo esto porque, por la educación que he recibido, a veces me resulta difícil decir que no a según qué cosas, porque puede quedar feo o parecer que desmereces según qué propuestas. El poder decidir lo que haces con tu tiempo es, en mi opinión, el mayor éxito posible.