En una escalada más propia de la barra de un bar que de la discusión de dos adultos en la plaza más pública del planeta, Elon Musk y Donald Trump se enredaron este jueves en un desagradable cruce de golpes a cuenta de una ley fiscal republicana, actualmente en trámite en el Capitolio. La bronca fue calentándose hasta que el presidente de Estados Unidos amenazó en su red social, Truth, con “poner fin a los subsidios y contratos gubernamentales de Elon”.

Entonces, el hombre más rico del mundo respondió con otro mensaje, este en X, en el que soltó algo que describió como una “bomba realmente gorda”. “@realDonaldTrump figura en la lista Epstein. Esa es la verdadera razón por la que no se ha hecho pública”, dijo sobre la nómina de personas involucradas en la red pederasta de Jeffrey Epstein que supuestamente obra en poder de las autoridades estadounidenses. “¡Que tengas un buen día, DJT [por las siglas del republicano]!”. Musk, reconocido propagador de bulos (y hay unos cuantos relacionados con esa lista), no ofreció ninguna prueba que sostenga esa acusación.

Todo había empezado en un escenario insospechado: la reunión en la Casa Blanca entre el presidente de Estados Unidos y el canciller alemán, Friedrich Merz. Era la primera vez que ambos líderes se veían desde la elección de Merz el pasado 6 de mayo, y el encuentro transcurrió en un tono amistoso que marcó, ya desde su arranque, el regalo que el visitante traía bajo el brazo: el certificado de nacimiento del abuelo de Trump, Friedrich Trump, en un marco dorado. El nieto agradeció el obsequio, insinuó que le haría un hueco en el Despacho Oval y aprovechó para responder a las críticas de Musk a la ley fiscal republicana, reproches por los que dijo sentirse “muy decepcionado y sorprendido”.