Washington despertó este viernes como quien amanece tras una noche loca y tiene que pararse un segundo a recordar si lo del día anterior sucedió realmente o solo fue un sueño salvaje. Eso que sucedió es, obviamente, la sucia pelea pública entre Donald Trump, y su antiguo aliado, Elon Musk, a cuenta de una ley fiscal republicana que el empresario considera “abominable” y que para el presidente estadounidense es crucial en el éxito de su agenda. Ahora toca saber cuál será el perdedor del divorcio más sonado de la política estadounidense reciente, quién reculará primero y si será posible una reconciliación que, conociendo a la pareja, se antoja altamente improbable.
De momento, Musk es el que más ha hecho por apaciguar los ánimos con la publicación de un mensaje el jueves por la noche en el que retiraba uno de sus órdagos: la amenaza de cancelar a la NASA el alquiler de la aeronave Dragon, una cápsula de su empresa SpaceX que lleva astronautas a la Estación Espacial Internacional. Fue, como todos los demás insultos y bravuconadas, a través de X, y después de que un usuario le recomendara que respirara antes de seguir peleando. ¿Y Trump? El hombre que presume de ser un negociador de talento, famoso por su capacidad de amedrentar a sus adversarios, no parece dispuesto a aflojar en su desafío a Musk.















