El Gobierno porteño había licitado una antigua bóveda del Cementerio de la Recoleta para instalar un gift shop, vender alimentos y bebidas y ofrecer recorridos turísticos nocturnos. La propuesta abrió un debate sobre los nuevos usos de los espacios funerarios: mientras familiares de personas enterradas allí rechazaron la iniciativa, en distintas ciudades del mundo los cementerios incorporaron cafés, bares y espacios de encuentro como una forma de resignificar el patrimonio y modificar la relación social con la muerte. La Justicia, finalmente, frenó el proyecto tras un amparo presentado por uno de los herederos.

Un amparo judicial presentado por miembros de la familia propietaria de las tumbas obligó al Gobierno de la Ciudad a dar de baja la licitación en curso

El periodista se refirió a los detalles en cuanto a lo monetario durante su análisis en Ronda de Investigación (RDI): “En conceptos de entradas a turistas se recaudaron 6.800…