El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires abrió en agosto una licitación para concesionar durante cinco años una bóveda ubicada dentro del Cementerio de la Recoleta.El espacio tiene 24,54 metros cuadrados, está ubicado en la Sección 17, Tablón 201, sepulturas 1 a 12, cerca del acceso de la calle Junín. El proyecto contemplaba instalar allí un gift shop, un local de venta de alimentos y bebidas y un espacio de apoyo para los visitantes que participaran de recorridos turísticos nocturnos.La concesión establecía un canon base de $1,6 millones mensuales, además de un porcentaje de los ingresos obtenidos por los recorridos nocturnos. El servicio gastronómico estaba planteado como venta al paso: no se contemplaba la instalación de mesas y sillas ni la preparación de alimentos dentro de la bóveda.La iniciativa formaba parte de una estrategia del Gobierno porteño para ampliar la oferta cultural y turística del cementerio, tomando como referencia experiencias de otras ciudades del mundo. Pero la propuesta generó una pregunta que excede a esta bóveda en particular: ¿hasta dónde puede llegar la actividad comercial dentro de un cementerio?¿Qué pasa cuando una familia deja de pagar una bóveda?
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