El cuerpo y la mente pueden seguir en alerta tras un terremoto.

El fenómeno puede provocar vértigo, náuseas y sensación de desplazamiento, especialmente en personas afectadas por el estrés posterior al sismo.

Miedo, temblores y dificultad para reaccionar son algunas respuestas posibles. Saber qué decir y hacer puede marcar la diferencia.