Un fantasmagórico sol rojo nos mira. No amanece ni atardece. Está en todo lo alto.

Nos adentramos en la era de los fuegos inextinguibles. La severidad de un incendio depende de la estructura del paisaje más que de la composición de la vegetación: ahí, y no sólo…

Un fantasmagórico sol rojo nos mira. No amanece ni atardece. Está en todo lo alto.