Que Nicaragua no es una democracia lo sabe cualquier observador con algo de honestidad intelectual.

El país iba a celebrar elecciones generales en noviembre próximo, pero una profunda reforma constitucional amplió el mandato presidencial de cinco a seis años.

El país es gobernado desde 2007 por Ortega, un exguerrillero sandinista de 80 años, en medio de denuncias de fraude y eliminación de la oposición.