La VanguardiaBarcelona 21/07/2026 11:48 Actualizado a 21/07/2026 12:01 A un año de terminar su actual mandato, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha anunciado que “no volverá a haber elecciones” en el país para evitar que los opositores “atrapen el Gobierno”. De esta forma, el autócrata confirma sus planes de perpetuarse en el poder, el cual comparte con su esposa, Rosario Murillo, forjada como él en el movimiento sandinista.“Se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, vuelvan a llegar al Gobierno. Jamás, jamás”, aseguró Ortega la noche del domingo, en un acto celebrado en Managua para conmemorar el 47 aniversario de la revolución sandinista. “¡Que se olviden! Aquí ⁠no volverá a haber elecciones”, sentenció el mandatario, que también anunció que trabajará con el Parlamento y las instituciones correspondientes para aprobar las leyes que permitirán imponer “un muro” a los grupos de la oposición –o, en palabras del dictador, a los “golpistas” y “vendepatrias” –.Ortega, de 80 años, lleva gobernando Nicaragua desde el 2007. En todo este tiempo, ha sometido al país a una profunda involución democrática que ha derivado en la dictadura actual. El deterioro institucional se aceleró a partir del 2018, cuando el exguerrillero reprimió con gran dureza una oleada de protestas antigubernamentales. Más de 300 personas murieron entonces por la acción de las fuerzas del orden, según denunciaron diversos organismos de derechos humanos. Cuatro años después, el dirigente asumió su actual mandato –el cuarto consecutivo– tras imponerse en unos comicios a los que no se presentó la oposición, hostigada y criminalizada por el régimen.En plena carrera para consolidar su dictadura, el año pasado, Ortega hizo que el Parlamento aprobara una reforma de la Constitución que hizo saltar por los aires la separación de poderes del Estado y otorgó un poder total al presidente y su mujer –que también vieron cómo su mandato se extendía de cuatro a seis años–. Tanto la ONU como la Organización de Estados Americanos, Estados Unidos, la Unión Europea y la oposición nicaragüense expresaron su rechazo a ese cambio legislativo, pero las palabras de condena no sirvieron para detener las ambiciones del líder sandinista, que ahora se muestra dispuesto a traspasar una nueva línea roja al eliminar de raíz cualquier posibilidad de alternancia política.