El Ártico se calienta metafórica y físicamente. El mar que corona el planeta, aunque podría ser su asiento porque los mapas no dejan de ser una representación imperfecta, es cada vez más lugar de controversia y choque de las grandes potencias, de nuevas rutas marítimas y de inmensas reservas de hidrocarburos y minerales apenas explotadas. Estados Unidos, Rusia y China llevan tiempo moviendo sus piezas ante la pasividad de una Unión Europea que parece haber despertado por la amenaza estadounidense a la isla danesa de Groenlandia y por el expansionismo ruso, por ahora centrado en Ucrania.Los líderes de Finlandia (Petteri Orpo), Alemania (Friedrich Merz), Dinamarca (Mette Frederiksen), sus homólogos bálticos, la canciller europea Kaja Kallas y el presidente del Consejo Europeo António Costa se reunieron este lunes en tierras de Santa Claus (en Rovaniemi), en la Laponia finlandesa, en una Cumbre del Ártico Europeo que quiere hacer que el bloque mire hacia el norte.Europa ha cambiado, más por responsabilidad de Moscú y Washington que de la propia Bruselas. En 2021, cuando se aprobó el último documento europeo de estrategia hacia la región, se hablaba de un Ártico “pacífico, sostenible y próspero”. Rusia no había atacado a Ucrania y Estados Unidos no amenazaba con anexionarse por la fuerza territorios de un país europeo. Apenas cinco años después por aquel documento parecen haber pasado décadas. Su actualización añade capítulos enteros que o no estaban o sólo tenía referencias escasas, como defensa y seguridad económica.La canciller Kallas, estonia, dijo a su llegada que el Ártico se está convirtiendo en una región donde chocan intereses, los de Rusia, Estados Unidos, China y Europa. Kallas hizo mención a la reapertura rusa de antiguas bases militares soviéticas que llevaban décadas inutilizadas, de pruebas de misiles y de vigilancia de infraestructuras críticas, como cables de telecomunicaciones. También dijo que Europa necesita la región, a la que tienen acceso directo Finlandia, Suecia y Dinamarca a través de Groenlandia (además de países socios como Noruega e Islandia), para su suministro de tierras raras y minerales porque eso reduce la dependencia exterior.Europa también se ha ido moviendo en la región. La entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN en 2024 cambió la situación, convirtiendo buena parte del acceso al Ártico en espacio de la Alianza Atlántica, algo que Moscú ve como una amenaza. Aún así, Moscú controla la mitad de la costa ártica y la Ruta Marina del Norte, que discurre junto a Siberia y que con el calentamiento global gana cada vez más protagonismo. Rusia está invirtiendo incluso en centrales eléctricas móviles, alimentadas por pequeños reactores nucleares, para dar vida a las localidades que dan al Ártico.La cumbre cerró con un comunicado en el que 12 países (Finlandia, Dinamarca, Estonia, Francia, Grecia, Alemania, Letonia, Lituania, Países Bajos, Polonia, Rumanía y Suecia) reclaman una política europea mucho más activa hacia el Ártico. Piden a la Comisión Europea (que lo recibirá como una orden) que la próxima estrategia ártica tenga en cuenta la vigilancia marítima y espacial, el intercambio de inteligencia, la protección de infraestructuras críticas y la capacidad de respuesta frente a amenazas híbridas. Y piden sobre todo más dinero para movilidad militar, conexiones transfronterizas, comunicaciones digitales, satélites e infraestructuras de doble uso.El documento subraya además el potencial económico de la región en materias primas críticas, tecnologías espaciales, transporte marítimo, conectividad y turismo, y celebra el reciente paquete europeo de 200 millones de euros para Groenlandia. Los doce gobiernos insisten, sin embargo, en que el desarrollo económico debe respetar el frágil ecosistema ártico y los derechos de las poblaciones indígenas. También reclaman una estrecha coordinación con la OTAN y otros socios internacionales para reforzar la disuasión y la seguridad regional.El otro gran frente europeo en el Ártico es la posibilidad de tener que defender por las armas la soberanía danesa de Groenlandia contra Estados Unidos, un escenario que hace apenas dos años hubiera parecido de ciencia ficción. Europa espera que cuando pase Trump pasen esas amenazas, pero sabe que el interés de Estados Unidos en la región puede chocar con el europeo, más allá de las tensiones con Rusia y China.Durante décadas Europa miró al Ártico como algo remoto. Era una tierra pobre y apenas poblada, de simpáticos esquimales y osos polares. Tierra de aventureros. La tecnología, los rompehielos y la voluntad rusa empezaron a abrir su acceso. El deshilo del cambio climático sigue esa labor y los científicos ven que el Ártico podría ser navegable todo el año para mediados de siglo y sin ayuda de buques rompehielos.PB