Este lunes 14 de septiembre, los enviados de Teherán se ven las caras con los emisarios de la mayor parte de los países árabes atacados por los misiles y drones iraníes. Es en el marco de la reunión de los Estados del Golfo Pérsico que acoge Mascate, la capital de Omán, donde Irán, desde una posición de fuerza, quiere ofrecer posibles rutas seguras para cruzar el estrecho de Ormuz. Por este paso navegable, entre el Golfo Pérsico y el océano Índico transitaba el 20% del crudo y gas mundiales antes de que se desatara la guerra. Este principio de negociación entre árabes y persas tiene lugar, eso sí, al margen de Estados Unidos, impulsor junto a Israel de la crisis y responsable de un caos económico y geopolítico que no tiene visos de solución si no se apartan de Oriente Medio las manos del presidente Donald Trump. PublicidadLa guerra de Irán, que comenzó el pasado 28 de febrero, ha sufrido este mes de septiembre una escalada que no solo agrava los daños ya causados, sino que conduce a una contienda regional desbocada. Los ataques a petroleros en el golfo de Adén se han disparado en los últimos días, desmintiendo las afirmaciones de Trump de que controla el estrecho de Ormuz. Además, Arabia Saudí cerró este viernes su oleoducto “Este-Oeste”, de 1.200 kilómetros, tras ser bombardeado con drones desde Irak por milicias proiraníes que operan en ese país. Riad cerraba así un conducto clave de transporte de crudo que aliviaba algo el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, con el bombeo de un 4% de las necesidades globales de petróleo. Desde que comenzó la guerra, los 22 millones de barriles diarios de petróleo que salían del Golfo Pérsico se han reducido a poco más de 4 millones, lo que apunta la importancia de ese oleoducto saudí.PublicidadY aún hay más. La última manifestación de la escalada de la guerra de Irán lleva al Yemen, donde las milicias chiíes hutíes, aliadas de Teherán, se han hecho de facto con el control del paso de Bab al Mandeb, entre el mar Rojo y el Índico. Si Irán quisiera, podría, junto a sus aliados hutíes, dejar a medio planeta, especialmente Asia, sin crudo en los próximos meses.Una reunión mediatizada por IránLos países del Golfo, excepto Bahréin, acuden a la reunión de Mascate de este lunes con Irán para intentar desbloquear de alguna forma la crisis provocada por su aliado EEUU, que se ve incapaz de aportar ninguna solución a la guerra y, al contrario, está agravando el conflicto con la actitud de su presidente. Este no puede doblegar a Irán después de medio año de guerra, pero sigue empeñado en apoderarse, al menos retóricamente, de Ormuz, que quiere renombrar como “estrecho de Trump”.Este domingo, Teherán indicó que en Mascate se presentará el acuerdo alcanzado con Omán a principios de septiembre sobre las rutas seguras para transitar por Ormuz. Irán espera que estos países aliados de Washington ribereños del Golfo, junto con Irak, no rechacen ese entendimiento que, “en ningún caso significa la apertura del estrecho de Ormuz”, como precisó Teherán en vísperas del encuentro para subrayar que en el cierre de este paso marítimo tiene su mayor capacidad de presión. PublicidadPero no solo es Irán quien ejerce su coerción sobre Ormuz. EEUU mantiene un bloqueo de los puertos iraníes en el Golfo Pérsico, sin cuyo final es imposible normalizar la situación. El resultado es la debacle energética, que, hasta ahora, la economía internacional ha logrado soportar gracias a las reservas nacionales de crudo y gas. También adquiriendo estos hidrocarburos de proveedores sometidos a las inclemencias de otros conflictos, como Rusia, o de los propios EEUU, cuyas empresas petrolíferas son las grandes beneficiadas de la crisis, mientras su población padece la inflación y el encarecimiento del combustible como cualquier otro país del planeta.Irán no cederá en sus condiciones para la paz, Yemen incluidoPara abrir el estrecho de Ormuz, cuya navegación impiden los ataques con drones, minas y misiles iraníes, y los propios bombardeos por EEUU de petroleros que trasiegan crudo y gas procedentes de Irán o con destino a los puertos del país persa, Teherán exige el fin de la guerra y de la amenaza estadounidense a la república islámica, la retirada israelí del Líbano (que de nuevo invadió aprovechando el comienzo de la contienda en Irán), la conclusión de la injerencia foránea en los programas nuclear y de fabricación de misiles del país persa, la liberación de los activos financieros iraníes congelados en el exterior, la imposición de tasas en el estrecho y el fin del bloqueo al Yemen.Es precisamente la escalada que en los últimos días ha sufrido la crisis en este escenario, el Yemen y las aguas del mar Rojo, la que ha hecho sonar todas las alarmas ante el riesgo de que en cualquier momento quede cerrado el acceso desde ese mar al océano Índico para los petroleros y buques mercantes que habían optado por esta vía marítima como alternativa a la clausura del estrecho de Ormuz. Los hutíes son unas milicias rebeldes de credo chií aliadas de Teherán que llevan muchos años desafiando al gobierno oficial de Yemen. Este ha dispuesto del apoyo de EEUU y Arabia Saudí en la guerra civil que asola Yemen desde el 2014, de ahí que el apoyo hutí a Irán en la crisis actual, en contrapartida por el apoyo persa de estos años, tenga como objetivo prioritario los intereses saudíes, estadounidenses y también los de Israel, país al que los insurgentes de Saná (los hutíes ocuparon la capital yemení desde el principio de la guerra civil) consideran responsable de toda la inestabilidad en Oriente Medio. La actual crisis desencadenada por EEUU e Israel en Irán, de hecho, ha volado por los aires la frágil tregua establecida en 2022 por la ONU en Yemen y ha fortalecido las posiciones de los insurrectos hutíes. Ya hubo, desde que comenzó la guerra de Irán, ataques hutíes a Arabia Saudí y contra objetivos israelíes y estadounidenses. Pero las circunstancias han dado un giro radical en los últimos días. Los insurgentes han completado la toma de la costa occidental del Yemen, el balcón hacia el mar Rojo, con la conquista de la provincia de Al Hudeida y la franja costera de Al Jauja. La clave de esta ofensiva está, sin embargo, en la captura esta semana de la ciudad portuaria de Moca y de las islas de Hanish, Zuqar y Mayún, determinantes para controlar el estrecho de Bab al Mandeb.El objetivo hutí es claro: hacerse con el dominio de este paso estratégico entre el mar Rojo y el golfo de Adén, y por tanto hacia el océano Índico, y cortar, si así lo consideran, el tráfico naval en la zona y el cruce obligado de las mercancías que llegan desde el Mediterráneo a través del canal de Suez hacia Asia. Teniendo en cuenta que parte del crudo saudí había sido desviado hacia el mar Rojo, al puerto de Yanbu, con el oleoducto Este-Oeste ahora clausurado por los ataques con drones desde Irak, el desastre puede ser mayúsculo.La larga mano de Irán en Yemen e IrakLa mano de Irán está detrás de cada una de estas acciones bélicas, en Yemen y en Irak. Se trata de la demostración enésima de que la idea de EEUU de acabar en pocas semanas con el régimen iraní no solo estaba basada en una soberbia ignorancia sobre la supuesta debilidad del contrincante, sino que ha puesto de manifiesto la superior estrategia bélica de una potencia regional más débil, pero capaz de jugar mejor las piezas de esta partida geopolítica en Oriente Medio. PublicidadLa guerra de Irán está evidenciando que el llamado Eje de Resistencia de aliados chiíes de Teherán no solo no quedó desmantelado con las sucesivas ofensivas israelíes contra Hizbulá en el Líbano o los ataques de mayo de 2025 liderados por EEUU contra el país persa. El Eje de Resistencia sigue actuando con eficacia, desde el Líbano y Siria, hasta Irak.Y EEUU, en lugar de buscar una salida negociada a la guerra, está echando más gasolina a la crisis. La guerra está secando el bombeo de crudo desde el GolfoEste sábado, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) anunció que en los dos meses que lleva en efectivo el nuevo bloqueo naval a Irán, las fuerzas de EEUU en la región habían impedido el paso de un centenar de navíos por el estrecho de Ormuz. En la última semana, el Pentágono redobló sus ataques contra petroleros iraníes, cinco de ellos en una misma jornada, el miércoles, y uno más reciente este mismo domingo. Los iraníes respondieron con ataques similares en Ormuz contra al menos ocho petroleros y una decena de navíos mercantes, además de dos buques estadounidenses.La consecuencias de la guerra del crudo son inmediatas en la economía, más allá de disparar el precio del barril de petróleo por encima de los cien dólares. Esta semana, el portavoz del Ministerio de Exteriores de Catar, Majed al Ansari, lanzó unas cifras muy preocupantes: la guerra de Irán ha causado una caída del 90% en el suministro del gas natural licuado (GNL) procedente de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, así como el 77% del petróleo con este origen. PublicidadSegún Al Ansari, “estas cifras no se habían visto en ningún conflicto anterior”. Y puso un ejemplo en referencia a su país. Con un solo dron, el que atacó el complejo gasífero de Ras Laffan, Irán logró “reducir en un 17% la capacidad para producir GNL de Catar”.El bumerán atiza a EEUUEsta situación catastrófica está golpeando con especial saña a EEUU. Esta misma semana se informó de que las reservas estratégicas de petróleo de este país cayeron por debajo de los 300 millones de barriles por primera vez en 43 años y ello a pesar del abierto y descarado latrocinio que EEUU está haciendo, por ejemplo, de las reservas de crudo venezolanas, tras el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro.En la información revelada por el Departamento de Energía estadounidense, esas reservas se situaban en los 298,7 millones de barriles, el nivel más bajo desde 1983, cuando los daños causados por la crisis petrolera derivada de la llegada de los ayatolás al poder en Irán en 1979 se dejaba aún sentir. Esta debacle ha llevado a precios desorbitados de la gasolina y el gasoil en EEUU, que han repercutido en la cesta de la compra y en el empeoramiento de la calidad de vida de los estadounidenses, cuya aprobación de Trump no pasa hoy día del 33%. Ahora dice Trump que la guerra de Irán acabará justo después de las elecciones de medio término del 3 de noviembre, una nueva falacia que se une a todas las vertidas desde que el 28 de febrero comenzó la ofensiva contra la república islámica, que el líder republicano planeaba finiquitar en cinco semanas. PublicidadCon este panorama, parece lógico que los países árabes busquen una salida, aunque sea negociando con su peor enemigo, Irán, pues su mejor amigo, EEUU, solo está demostrando una peligrosa ineptitud para gestionar la crisis y, al tiempo, ningunearlos. Un ejemplo, el propio Trump hizo caso omiso hace unos días a la desesperada petición de ayuda lanzada por Arabia Saudí contra los hutíes, respaldo que ya prestó Washington en numerosas ocasiones durante la guerra civil en Yemen. Esta vez, Trump se limitó a señalar: “Los hutíes nos han llamado y nos han dicho que no quieren luchar contra nosotros”. Fin de la discusión.