Riad y Abu Dabi quieren influir en el desenlace del conflicto, pero su participación no genera consenso en la región y los expondría a mayores represalias y poder ser abandonados por Trump

Cuando Irán empezó a lanzar salvas de misiles y enjambres de drones contra los países árabes del Golfo en represalia por la ofensiva de Estados Unidos e Israel, hace un mes, Arabia Saudí

" title="https://elpais.com/internacional/2026-03-02/los-ataques-de-iran-tensionan-sus-relaciones-con-los-paises-arabes-del-golfo.html" data-link-track-dtm="">condenó sin ambages las acciones de Teherán, pero optó por no responder. El reino tachó los ataques, que se precipitaron rápidamente sobre su capital, Riad, y su infraestructura petrolera, de “injustificados” y “cobardes”, pero estas semanas se ha limitado a interceptar los golpes.

Esta postura parece estar cambiando. En los últimos días, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han adoptado entre bastidores una posición más agresiva con Teherán y varios medios estadounidenses afirman que han presionado a Washington para que todavía no detenga la guerra. Según estas informaciones, aspiran a neutralizar la amenaza de Irán y a redibujar la arquitectura de seguridad regional, y están abiertos a explorar fórmulas para apoyar la ofensiva.