Daniel R. CarunchoBarcelona 14/05/2026 06:00 Actualizado a 14/05/2026 13:51 La guerra de Irán ha dejado a los países del Golfo en una situación muy delicada. Los misiles y drones lanzados por Teherán en las primeras semanas de conflicto han hecho añicos su imagen de oasis de estabilidad, mientras que el bloqueo de Ormuz amenaza con arruinar su economía, muy dependiente de las exportaciones de crudo.Pese a todo, desde que comenzó la crisis, las petromonarquías han intentado transmitir una imagen de neutralidad y contención. En público, su mensaje ha sido claro: la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica no ha contado con su participación.Pero otra cosa es lo que sucede fuera de los focos.En las últimas horas, ha trascendido que tanto Arabia Saudí como Emiratos Árabes Unidos llevaron a cabo ataques militares contra Irán en los días previos al alto el fuego.Según la agencia Reuters, las fuerzas saudíes ejecutaron sus operaciones a finales de marzo, como respuesta a las reiteradas agresiones del régimen de los ayatolás contra Riad. El Gobierno saudí no ha confirmado estos ataques, y tampoco se sabe cuáles fueron los objetivos, pero a esta información le dan validez funcionarios occidentales e iraníes conocedores del asunto. Esas mismas fuentes aseguran que Arabia Saudí informó a Irán de sus acciones, y que, tras una intensa actividad diplomática, ambos países llegaron a un acuerdo para reducir la tensión. De hecho, según un recuento de Reuters, de los más de 105 ataques con drones y misiles que recibió Arabia Saudí durante la última semana de marzo, se pasó a poco más de 25 en la primera semana de abril.El ministro de Exteriores saudí, Faisal bin Farhan, con su homólogo emiratí, Abdalá bin Zayed, el pasado 28 de abril en YiddaSaudi Press Agency / ReutersPor su parte, Emiratos efectuó sus ataques contra Irán a inicios de abril. Según The Wall Street Journal , sus operaciones incluyeron un bombardeo sobre una refinería de petróleo en la isla de Lavan. La ofensiva –que tuvo lugar el mismo día en el que entraba en vigor la tregua acordada entre Washington y Teherán– causó daños notables en la planta, que perdió parte de su capacidad de producción durante semanas. En su momento, la emisora estatal iraní acusó a Emiratos y Kuwait de estar detrás de ese golpe, y Teherán respondió con una oleada de misiles contra ambos países.Al igual que Arabia Saudí, Emiratos no ha confirmado su participación en estas acciones militares y se ha limitado a decir que tiene derecho a defenderse. No en vano, esta petromonarquía es la que se ha llevado la peor parte durante la guerra: desde que comenzaron las hostilidades, ha sido el blanco de más de 2.800 drones y misiles iraníes, unos ataques que se han cobrado la vida de al menos una decena de civiles.El ensañamiento de Irán con Emiratos tiene su explicación. Este país es hoy el aliado más estrecho de Estados Unidos e Israel en el golfo Pérsico. Fue, con Bahréin, el primer reino en suscribir los acuerdos de Abraham, con los que Washington buscaba normalizar las relaciones de Tel Aviv con el mundo árabe; y la actual contienda parece haber dado un impulso a esa alianza, sobre todo en el ámbito militar. Esta misma semana, el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, ha confirmado que Tel Aviv proporcionó a Abu Dabi una batería del sistema de defensa Cúpula de Hierro para repeler los ataques iraníes. Esta colaboración incluyó además el envío de personal militar. Nunca antes un país árabe se había prestado a este tipo de asistencia.Todas estas revelaciones en torno a la implicación de Arabia Saudí y Emiratos en la guerra abren ahora un nuevo interrogante: ¿qué pasará si se reinicia el conflicto? ¿Irán tratará a estos países como combatientes activos? Si es así, la inestabilidad en el Golfo está más que garantizada.Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.