0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLlegan mensajes alarmantes sobre lo devastadora que será la IA en un futuro próximo. La ciencia ficción lleva a pensar en mundos apocalípticos poblados por replicantes, terminators o en una odisea en el espacio donde las máquinas se han hecho con el poder. La mezcla de factores provoca confusión. Para hablar de temas complejos, se recurre a las metáforas basadas en lo que conocemos mejor: nosotros mismos. Al explicar los virus, por ejemplo, nos dicen que “atacan”, “se camuflan” o “se organizan”, como si fueran seres conscientes con capacidad de decidir, cuando más o menos entendemos que no es así. Go Nakamura/ReutersCon la IA es distinto. Ha desarrollado un lenguaje tan calcado al nuestro que cuesta recordar que estamos ante un algoritmo y no un ser humano; un algoritmo con acceso a muchísima información y que tiene detrás gente poco sensata, además de una falta de regulación peligrosa. Los instrumentos mal utilizados se convierten en armas; no en vano, el padrino de la IA, el Nobel de Física Geoffrey Hinton, se ha comparado con Oppenheimer, creador de la bomba atómica. Hinton pide a los gobiernos que se prohíba el desarrollo de sistemas de IA superpoderosos para evitar nuestra extinción. Han pasado ochenta y un años desde Hiroshima, prueba de que se puede convivir con el monstruo siempre que exista un acuerdo global y se cumpla, y no estemos a merced –como ahora– de una competitividad fuera de control.Con la IA cuesta recordar que estamos ante un algoritmo y no un ser humanoEn la era de la publicidad masiva, cada frase apocalíptica es un eslogan para lucir poder y vender protección. Y sobre todo para desviar la atención de lo que ya está destrozando, no la IA en sí, sino su gestión. Creación de centros de datos insostenibles por la energía y el agua que requieren; refuerzo de las hegemonías; pérdida de capacidad de aprendizaje y desigualdad en el acceso al conocimiento; vulneración de la privacidad; control global; aplicación indiscriminada de un sistema que, dada su naturaleza irreversible, habrá que sostener aun sin tener los recursos necesarios.Todo ello forma parte del proceso de deshumanización al que nos aboca el turbocapitalismo, que acelera sin límites ni medir sus consecuencias. Al invertir en IA para evitar lo que el uso de la IA puede provocar en el futuro, se adelanta un apocalipsis al que nadie, en el presente, parece prestar atención.