Enric Mas llegó a la Vuelta con el discurso precavido, sabedor de que la última vez que se pronunció en público se le indigestaron las palabras, pues dijo que llegaba al Giro para luchar por el podio y se perdió en las primeras cuestas. Le dolió en el orgullo y, trabajador como es —no hay nadie del equipo Movistar que no resalte esa capacidad suya— se esforzó por hacer buenos esos números. Y, tras una buena Vuelta a Burgos, lo hizo realidad en esta Vuelta, toda vez que tenía mejores piernas que el resto (sin contar con Pogacar, claro, que se retiró por un topetazo). “Vuelvo a disfrutar del sufrimiento”, reconocía antes de empezar la ronda; “Me lo he pasado pipa durante toda la Vuelta. He disfrutado cada momento y ha salido todo rodado, súper bien. Y sí, hoy también he disfrutado cada kilómetro”, resolvió tras la etapa, ya ganador virtual; “son emociones nuevas para mí. No sé qué decir, más allá de dar las gracias al equipo, a los amigos y a la afición”.Ciclista que contaba con cuatro podios en la competición —logró tres segundos puestos en la Vuelta (2018, 2021 y 2022), además de un tercero (2024) y otros dos top-10, los mismos que en el Tour—, ahora puede presumir de llevarse el oro. Y eso que nunca pensó que sería en este año, después de superar una intervención de tromboflebitis y una caída que le desgarró la mano. “Sabía que estaba muy bien, no sé si para podio, pero desde el Giro todo iba en el buen camino”, resumió. Aunque admitió: “Claro que ha habido momentos difíciles. Ganar una Vuelta sin sufrir es imposible. He ido al límite mucho tiempo, pero gracias al equipo y a la experiencia, he sabido darle la vuelta”. Aunque desde fuera no se apreció esa dificultad, siempre con un plus de energía más que el resto, capataz autoritario con la bici entre las piernas. “Sí, hoy me he visto ganador casi desde el principio de la etapa si no había una desgracia. Cada vez me lo creía más, descontaba los kilómetros”, aclaró. Más o menos lo que le sucedió a Mikel Landa, vencedor del día y un mar de lágrimas.“Cuando he arrancado en el último puerto, me ha parecido fácil. Pero luego se me ha hecho largo porque iba con las fuerzas muy justas, pero el no haberme exprimido en la Vuelta me ha ayudado”, reconoció el alavés con la voz entrecortada. “Es que ha sido un año de mierda, he sufrido mucho. La verdad es que no lo esperaba, aunque sí que lo soñaba. Era la última oportunidad y quería dejar nada en el tintero”. Y no lo hizo.Y bien que lo disfrutó el Landismo. “Bueno, quizá la gente empatiza conmigo porque las desgracias empatizan”, razonó, a la vez que bromeó; “por eso es muy difícil empatizar con Pogacar, a nadie le van tan bien en la vida”. Pero este momento de gloria nadie se lo quitará. “Lo he hecho por mis hijos, espero que cuando lo vean y lo entiendan, vean que no te puedes rendir nunca. Puede ser mi mejor día por lo contento que estoy. Pocos los disfrutaré como este”. Fue el triunfo de Mas y el de Landa, dos instituciones en el pelotón, ahora que los jóvenes se comen el mundo a bocados. “No solo son los vatios y las piernas, para ganar se necesita experiencia y madurez que te dan los años”, replicó Landa. Y Mas, simplemente, ganó.
Enric Mas: “Me lo he pasado pipa durante toda la Vuelta”
El virtual ganador reconoce que ha disfrutado como pocas veces la competición y Landa reivindica que uno “nunca se puede rendir”














