La literatura de esta Vuelta se escribe a través de Enric Mas, ya vencedor virtual de la ronda después de superar el último escollo, cinco montañas y casi ningún sobresalto, con sus rivales rendidos antes de tiempo, sin piernas ni fuerzas, sin voluntad ni intención. Resulta que en la etapa definitiva, en la que todo estaba en juego, nadie puso en jaque su maillot rojo, un gobierno con la mirada. Suya es la gloria, infalible cuesta arriba, que por algo pilló a Pogacar en el sterrato de El Bartolo, resultón en la crono y el mejor de los mejores de la ronda, al menos desde que Pogacar se marchó a casa tras un batacazo. Aunque la oda y la prosa la puso Mikel Landa, que levantó los brazos y cerró los puños al cruzar la bandera a cuadros al tiempo que contenía las lágrimas, emocionado por su resurgir, por llevar al Landismo a la extenuación, capaz de imponerse en la jornada reina y vencer en la carrera 11 años después -lo hizo en Cortals d’Encamp-, también de conquistar una etapa en una gran carrera de tres semanas desde hace nueve, pues conquistó una en el Giro de 2017, la 19ª entre San Candido y Piancavallo. Landa revive y brilla; Mas manda y conquista. Una reivindicación doble de que a los viejos rockeros, ahora que en el ciclismo es todo tan precoz, siempre les queda una canción por tocar.Con los corredores enfrascados en sus cuitas particulares, que si quiero subir un peldaño, que no me quiten lo ganado, fue un día de ay, ay, ay que acabó siendo mucho ruido y pocas nueces. Más que nada porque Mas andaba sobrado, con más piernas y pulmones que nadie, también con más cabeza, a ver si es verdad que el maillot rojo da alas, como dijo el día después de enfundárselo, entonces ganador de la etapa y, de paso, sentencia para el resto de los aspirantes. Cosa que, al fin, después de tres semanas de viaje, rubricó en el Collado del Aguacil, en el fin de fiesta, por más que fuera un día de lo más caótico de principio a fin.El caos comenzó de buena mañana porque la organización de la carrera hizo aguas por un día en La Calahorra, donde los autocares no tenían sitio para aparcar —se colocaron en fila de a uno a lo largo de la carretera— y los coches de apoyo, entremezclados con los de los aficionados, hicieron un tapón terrible. Momentos de tensión entre la Guardia Civil y algún que otro equipo, kilometrada para todos a pie para poder acercarse a los buses y salida de una sola dirección que provocó retenciones horribles. “Pues sí que empezamos torcido el día, ¿eh?”, bromeaban desde el equipo de Movistar, siempre con humor, la calma antes de la tormenta. “Cómo se ha llenado el pueblo, ¡qué pasada!”, decía un lugareño a las puertas del bar de la aldea, henchido de orgullo. “Pero en 20 minutos nos volveremos a quedar vacíos”, respondía una señora, entre ceniza y realista, que ya llevaba dos botellines en la mano para sus nietos. Y así sería porque los ciclistas, como explicaron desde el autocar del Jayco, donde atronaba la música techno, querían marcha y tenían prisa porque por delante les quedaban cinco montañas: una de tercera categoría; tres de primera (con dos pasos por El Purche) y el broche final, el Collado del Aguacil, 8,3 kilómetros con una pendiente media de 9,8% y rampas de hasta el 22%. Ahí es nada y ahí lo era todo para Movistar y Mas en su defensa del liderato. Para su fortuna, no les costó.Sucedió que el guirigay se trasladó de inmediato a la carrera, pues cuando el semáforo se puso en verde, Van Aert, que ha dignificado la carrera con su brega, su maillot verde y dos etapas, catapultó el primer arreón, 14 corredores contra el mundo, fuga a la vista. Asentía en señal de aprobación Movistar, que desde que lleva el maillot rojo ha validado las escapadas porque así tiene que trabajar menos, porque se anulan las posibles bonificaciones y porque reparte las responsabilidades entre los equipos. Un mandato a su manera, uno que consiste en meter corredores en la fuga para que cuando lleguen los muros puedan ayudar al jefe de filas. Táctica que le ha ido de maravilla, el caos controlado. Y, claro, movimiento repetido porque Castrillo, Romeo y Raúl García Pierna se unieron a la siguiente escisión, que ya vendrían curvas.El primero en mover ficha fue Kuss, al que dejaron hacer porque no inquietaba en la clasificación, pero que pedalada a pedalada recortó una minutada para, al menos, meterse en el top-5. Aunque todo cambió cuando Carapaz, todavía con 90 kilómetros por delante y en el segundo puerto, arrancó con ganas, huella en el asfalto, sígueme si puedes. “Es un día para Richi y nos da igual ser cuartos que sextos. Y está con ganas”, resolvía desde La Calahorra Juanma Gárate, el director deportivo de EF, que, sin embargo, lamentaba que esta etapa llegara tan tarde, al punto de que se quejó a la organización; “se ha echado de menos una orografía de encadenamiento de puertos”. Su movimiento, el demarraje, en cualquier caso, no encontró el botín, pues Decathlon y Gall asumieron las riendas para desdibujar su empuje, para que el ecuatoriano no le sacara del podio. D’Artagnan Mas y sus mosqueteros, juntos de nuevo, uno para todos y todos para uno… hasta el siguiente monte. Donde ocurrió un calco del primero, más de lo mismo, los escaladores fugados y los favoritos, por detrás, entre codazos y hasta la próxima, hasta el Puerto de El Duque, con rampas de hasta el 20%, carretera estrecha y revirada, también sombría por los árboles que la envuelven, piernas para que os quiero. Aunque se multiplicaron los pasillos humanos de aficionados, espectáculo en todo su esplendor, ánimos y color, la fiesta del ciclismo al cubo.A esas alturas, Mas ya andaba sin compañía del Movistar, rodeado de rivales, telaraña de problemas. O no, porque como ocurriera en la jornada anterior, tan fuerte y sobrado rueda el ciclista, que le bastaba controlar al resto de soslayo, quizá con un pequeño arreón para ningunear cualquier ofensiva. Como a Carapaz, que persistió en su idea, peleón por naturaleza, tres ataques, no sea que se diga. Tres fiascos y ya solo con el Collado del Alguacil por hollar.Tras 65 horas en la carretera, la Vuelta se decidiría en los últimos ocho kilómetros, en el risco matahombres, ese en el que Landa dejó a su espalda a los dos únicos compañeros de viaje que le quedaban, al duro Johannessen y al sorprendente Debruyne. Así que el ciclista, que se había reservado durante toda la Vuelta, que decía que no tenía piernas, que corrió con la cara larga y de pocos amigos, resurgió en la etapa reina para explicar que el Landismo nunca muere, de pie sobre la bici y con las manos abajo del manillar, un triunfo en la etapa reina, ciclismo dorado.Tampoco muere ni se rinde nunca Roglic, cuatro veces ganador de la ronda, corredor que dijo en Montecarlo que apenas podía subirse solo a la bici después de que le atropellara un coche hace unos meses. “Mal no está y si no ataca hoy que es segundo… ¿cuándo?”, advertía Patxi Vila, director del Bora. Y eso hizo el esloveno al arrancar el puerto, aunque fue un disparo de fogueo, un quiero y no puedo en toda regla ante la pujanza de Mas, con más piernas que nadie. Más fuerte fue la arrancada de Gall, un nos vemos en la meta que dejó petrificados a Carapaz y Roglic. No así con Mas, que le siguió de cerca, único en mantenerle el pulso. Único, claro, en la carretera. Y único vencedor de la Vuelta, ahora que solo falta una etapa —y que los equipos ni quieren competir— de garrafón. Mas ya es un grande.Clasificación GeneralposciclistaEquipoTiempo1Mikel LandaSOQ 4h:58:01 2Tobias JohannessenUXM +00:47 3Ramses DebruyneAPT +01:27 4Pau MiquelTBV +03:00 5Urko BerradeEKP +04:12 6Jan HirtNSN +04:18 7Jørgen NordhagenTVL +04:35 8Sepp KussTVL +04:35 9Walter CalzoniPQT +04:48 10Lorenzo FortunatoXAT +04:53 posciclistaEquipoTiempo1Enric MasMOV 70h:56:58 2Primoz RoglicRBH +02:15 3Felix GallDCD +02:44 4Richard CarapazEFE +06:54 5Sepp KussTVL +08:45 6Oscar OnleyIGD +09:28 7Jakob OmrzelTBV +10:38 8Clément BerthetCGF +11:41 9Cristian RodríguezXAT +11:59 10Harold TejadaXAT +14:40 Ver clasificación completa Etapas