Todo régimen necesita de mitos fundacionales para legitimarse en su mesianismo. Stalin copió a Iván el Terrible y permitió sacar en procesión el ícono de Nuestra Señora de Kazán, Santa protectora de Rusia, durante la invasión nazi; Franco hizo de la mano izquierda de Santa Teresa su guía en la Guerra Civil, y Vladímir Putin ha enviado al frente de Ucrania otra mano, la derecha con la que supuestamente blandía la espada el príncipe Donskói, para que los rusos unan su guerra actual con el enfrentamiento de Kulikovo de 1380. Una batalla que no fue decisiva, pero a la que la propaganda rusa ha vuelto a elevar a leyenda para que simbolice la unidad de los rusos frente al enemigo extranjero. Justo lo que el Putinismo, ávido de una amenaza exterior eterna con la que justificar su represión, necesita representar hoy con Occidente.Las reliquias del príncipe eslavo rotarán de una unidad a otra en el frente de Donetsk hasta ser expuestas a partir de octubre en la iglesia del complejo conmemorativo de Saur-Mogila, en la misma región ocupada por Rusia. La procesión cuenta con la bendición del patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kirill, quien ordenó al principio de la guerra que en todas las misas se rece por la victoria de Rusia. De hecho, el primado ha recomendado no desanimarse ante una hipotética guerra nuclear porque “el Señor vendrá en su gloria, destruirá el mal y juzgará a todas las naciones”.“Hay fuerzas que quieren dividir a nuestra Iglesia y nuestra sociedad, privándonos de nuestra memoria histórica y nuestra unidad. Actúan contra los pueblos del Rus como lo hicieron contra el príncipe Dmitri Donskói y San Sergéi de Radonezh”, ha declarado el patriarca ruso. “Es la misma mano con la que blandió la espada en el campo de batalla de Kulikovo”, ha manifestado fascinado por su parte el Metropolitano Kirill de Stavropol.La Iglesia Ortodoxa Rusa ha bendecido esta medida “con el fin de brindar apoyo y una guía espiritual integral a los miembros del ejército”. No obstante, tras la reliquia subyace el deseo del Kremlin y la Iglesia Ortodoxa Rusa de presentar aquella batalla medieval como un símbolo de la guerra que dicen librar hoy contra un gran enemigo, Occidente, en el campo de batalla ucranio.Las autoridades rusas conocían desde hace dos décadas el paradero de los restos del Gran Príncipe de Moscú Dmitri, apodado Donskói varios siglos después de su muerte en 1389. Los trabajos de restauración de la Catedral del Arcángel, parte del Kremlin de Moscú, revelaron su tumba en 2007, como cuenta el propio complejo en su sitio web. Sin embargo, la propaganda rusa ha vendido de nuevo el hallazgo de su santo el pasado 20 de agosto.“Es un descubrimiento de reliquias absolutamente único y milagroso”, manifestó Putin en una visita a la tumba junto al director del Instituto de Arqueología de la Academia de Ciencias de Rusia Nikolái Makárov. “Es increíble, esto refuerza los fundamentos más importantes de nuestra historia”, agregó el dirigente ruso.La mitología presenta la batalla de Kulikovo, librada el 8 de septiembre de 1380 junto al río Don, como la primera vez que los rusos se unieron contra un enemigo común, los tártaros y la Horda de Oro, una de las partes en las que se dividió el imperio mongol tras la muerte de Gengis Kan.Un siglo y medio antes, en 1237, la invasión mongola había sometido a otros pueblos del actual territorio ruso y desintegró el Rus de Kiev en varios principados, a los que el kanato sometió a vasallaje. Estos principados, entre ellos los de Vladímir, Suzdal, y Moscú, libraron guerras entre ellos. El Zarato Ruso nacería siglos más tarde, en 1547.Aprovechando la renovada escatología en torno al gran príncipe, uno de los canales de propaganda del Kremlin, Rossiya 1, ha presentado la batalla de Kulikovo como otro capítulo del supuesto enfrentamiento eterno de Occidente con Rusia.“Donskói fue el primer gobernante ruso que desafió conscientemente a una potencia entonces invencible. En el siglo XIV, Occidente, como en la época de Alejandro Nevski, intentó una vez más aplastar a los rebeldes rusos rebeldes”, decía el presentador. “La Lituania católica presionaba desde el noroeste y los genoveses, con sus armaduras, desde el sur. Los mercaderes genoveses, junto con el Papa, colocaron al kan Mamái al frente de un ejército títere”, agregaba.Fuentes escasasExisten pocas fuentes fiables de la batalla Kulikovo. La historiografía rusa elevó siglos después a cientos de miles de combatientes los participantes en aquella hazaña, aunque otros estudios apuntan a que fue una batalla menor. Además, el choque fue librado contra un general sublevado de la Horda de Oro, Mamái. El verdadero líder de los mongoles, Toqtamish, mantuvo su dominio sobre los principados y arrasó Moscú dos años después.Asimismo, existe constancia de que las druzhinas [ejércitos de guardaespaldas] lituanas lucharon del lado rebelde contra Mamái, y este tuvo como aliado al principado de Riazán, al que Moscú había arrebatado años antes la ciudad de Kolomna. En cuanto a los genoveses, su única presencia en la zona eran algunos bastiones de mercenarios en Crimea, algo habitual en la Edad Media, desde la Gran Compañía catalana a los condotieros.También han existido dudas en la comunidad de historiadores sobre la participación del príncipe Donskói en la batalla, y su rol si llegó a combatir en ella. Según los historiadores del Gobierno ruso, no cabe duda de su intervención.“A partir del siglo XIX algunos investigadores reformistas cuestionaron el heroísmo personal del príncipe. Algunos incluso llegaron a afirmar que Dmitri nunca participó en la batalla y que sus generales la ganaron”, afirmó el doctor en Ciencias Históricas Román Sokolov. “Ahora tenemos pruebas de ello: una marca de un golpe de sable o lanza que sanó durante la vida del príncipe. Es el fin de las falsedades que lamentablemente han llegado hasta nuestros días”, agregó el historiador de la Universidad Pedagógica Estatal Herzen.La reescritura de la historia tiene un objetivo. La veneración de Donskói refuerza uno de los lemas que el Kremlin repite a los rusos desde el minuto uno de la guerra: “Dios está con nosotros”. Y esta frase se contrapone con un “ellos”, Occidente, su enemiga. Al finalizar su reportaje, el canal Rossiya 1 volvía a insistir en legitimar su invasión de Ucrania con aquellas páginas de la historia. “La batalla de Borodino [contra Napoleón] y la liberación del Donbás de los nazis están unidas a la batalla de Kulikovo. L historia no ha terminado, Rusia está escribiendo nuevos capítulos, y el príncipe guerrero Dmitri Donskói está presente de forma invisible en ellos”.