Guerra arancelaria, insultos por redes sociales, humillaciones en reuniones del Despacho Oval o amenazas de anexión. La política exterior de Trump y el pico que ha alcanzado en su segundo mandato han trastocado el panorama geopolítico hasta el punto de hacer temblar algunas de las alianzas más longevas de Washington, como el reciente caso de Canadá con la disputa comercial.

"La rivalidad se intensifica entre el diálogo y la confrontación, la cooperación mutua y los juegos de suma cero, y entre el multilateralismo y el unilateralismo. La sombra de la guerra sigue acechando al mundo". Con estas palabras, el líder chino, Xi Jinping, describía el tablero político internacional en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, o en otras palabras, una China diplomática frente a unos Estados Unidos hostiles. Un discurso con el que Pekín intenta sacar provecho presentándose como una alternativa rentable y, sobre todo, más fiable que los cambiantes estados de ánimo de Washington.

La reunión del bloque de Shanghái el mes pasado en Kirguistán careció de grandes anuncios, pero fue un ejemplo de cómo Xi refuerza esta imagen de líder de una nación mediadora y cumplidora de palabras. Una política exterior que, bajo el toque de su mandatario, el propio partido chino ha titulado como 'Xiplomacia'.