Yo ense�� a mi hijo a comer un cl�toris". La frase de Loles Le�n estaba destinada a provocar. Para algunas personas fue una muestra de naturalidad; para otras, una intromisi�n innecesaria en la intimidad de un hijo. Despu�s lleg� la pregunta inevitable: �reaccionar�amos igual si un padre afirmara que ense�� a su hija a practicarle sexo oral a un hombre? Cambiar los g�neros descubre contradicciones, pero no resuelve el debate. Aqu� confluyen el silencio hist�rico sobre el placer femenino, los l�mites de la educaci�n sexual en las familias y nuestra dificultad para distinguir entre informar, acompa�ar e instruir.
Cada persona y el cuerpo que habitaLa controversia llega despu�s de celebrar el D�a Mundial de la Salud Sexual, una iniciativa promovida por la Asociaci�n Mundial para la Salud Sexual (WAS). El tema elegido para este a�o 2026 fue Every Body, un juego de palabras que sit�a en el centro a todas las personas y a la diversidad de los cuerpos. "Every Body nos pide sostener dos ideas a la vez: cada persona y el cuerpo que habita. Porque la salud sexual se vive siempre en un cuerpo, y no todos los cuerpos se mueven por el mundo en las mismas condiciones", explica Ana Y��ez, presidenta de la Federaci�n Espa�ola de Sociedades de Sexolog�a (FESS). Conocer, decidir y disfrutar del propio cuerpo forma parte de la salud sexual. La cuesti�n es qu� papel deben desempe�ar las familias en ese descubrimiento.Hablar de sexo no es el problemaTodav�a existe la creencia de que hablar de sexualidad con adolescentes puede incitarlos a practicarla, cuando guardar silencio no impide que tengan experiencias. Simplemente los deja m�s expuestos a aprender mediante la pornograf�a, las redes sociales, sus amistades o el ensayo y error. Una revisi�n publicada en JAMA Pediatrics encontr� que la comunicaci�n sexual entre progenitores y adolescentes se relaciona, aunque modestamente, con comportamientos sexuales m�s seguros. Pero no basta con hablar; importa qu� contamos, c�mo, a qu� edad y si quien escucha puede participar sin sentirse invadido. La educaci�n sexual empieza mucho antes de explicar una pr�ctica. Es ense�ar que su cuerpo les pertenece, que pueden decir que no, que el afecto no obliga y que pueden preguntar sin ser avergonzados ni castigados.Entre el silencio y la invasi�nNo hablar tambi�n educa. El silencio transmite que el sexo es secreto, peligroso o vergonzoso. Pero hablar sin respetar los l�mites puede transmitir que los adultos tienen derecho a entrar en la intimidad de sus hijos. Podemos ofrecer informaci�n rigurosa sobre anatom�a, consentimiento, diversidad, anticoncepci�n, infecciones de transmisi�n sexual, placer y v�nculos saludables sin convertirnos en instructores de su vida er�tica. La pregunta no deber�a ser solo "�puedo hablarle de esto?", sino tambi�n "�esta conversaci�n responde a una necesidad suya o a una necesidad m�a?". Educar sexualmente significa estar disponibles, no colonizar su intimidad.El cl�toris no es un manual de instruccionesQue un chico conozca el cl�toris es positivo y necesario; y es aplicable a cualquier persona. Durante demasiado tiempo hemos explicado la sexualidad como si el cuerpo masculino fuera el modelo universal y la penetraci�n, el acontecimiento principal. Pero conocer la anatom�a no convierte autom�ticamente a nadie en un buen amante. Podemos sustituir el antiguo guion faloc�ntrico por otro aparentemente m�s moderno, pero igual de mec�nico: "Haz esto con el cl�toris y conseguir�s un orgasmo".El placer no funciona mediante una receta universal. Quiz� no deber�amos ense�ar a nuestros hijos e hijas "c�mo se hace", sino c�mo se pregunta �te gusta?, �quieres que contin�e?, �prefieres otra cosa?, �paramos? Ah� entra tambi�n la esencia del mindfulsex�, que se aleja del examen de rendimiento, prestando atenci�n a las sensaciones y encontr�ndose con otra persona sin imponerle un guion aprendido. Saber d�nde est� el cl�toris ayuda; creer que sabemos de antemano lo que desea esa persona puede alejarnos de ella.A las chicas las protegemos, a los chicos los felicitamosLa comparaci�n visibiliza otro doble rasero. Cuando una adolescente mantiene una relaci�n sexual con un adulto, tendemos a preguntarnos por la desigualdad, la presi�n o el abuso de poder. Cuando el adolescente es un chico y la adulta una mujer, todav�a aparecen comentarios como "qu� suerte" o "ya habr� aprendido". Esa mirada convierte al var�n en alguien sexualmente disponible por definici�n. No contempla que pueda sentir miedo, confusi�n o rechazo, ni que una erecci�n no equivalga a consentimiento. Los chicos tambi�n pueden no querer, sentirse presionados o ser v�ctimas. A las chicas se las ha juzgado por desear demasiado; a los chicos, por no desear lo suficiente. Ninguno de esos mandatos permite una sexualidad verdaderamente libre. Cambiar los g�neros puede ayudarnos a detectar una frontera, pero no vuelve id�nticas todas las situaciones. S�, necesitamos que los chicos conozcan y respeten el placer femenino. Y s�, ellos tambi�n necesitan preservar su intimidad.Todos los cuerpos, tambi�n los que est�n descubri�ndoseEvery Body nos recuerda que cada cuerpo merece informaci�n, placer, seguridad, derechos y capacidad de decisi�n. Tambi�n los cuerpos adolescentes; que no pertenecen a sus familias, a sus parejas ni a las expectativas sociales. La funci�n de las familias no es dirigir la sexualidad de sus hijos e hijas, sino ofrecerles informaci�n, seguridad y confianza para descubrirla a su propio ritmo. A veces consistir� en hablar; otras, en preguntar si quieren hacerlo; y muchas, en aceptar que prefieran recurrir a otra persona, asegur�ndonos de que disponen de fuentes fiables. Quiz� la mejor educaci�n sexual no consista en ense�arles lo que deben hacerle a otro cuerpo, sino en ense�arles a no dar nunca por sabido lo que ese cuerpo desea.








