Ilustración de un tiranosaurio depredando a un ave buceadora prehistórica. Crédito: Andrey Atuchin - Gentileza, estudio doi: 10.1016/j.cub.2026.08.054, publicado en current-biologyUna pluma fosilizada en coprolito permitió identificar restos de un ave hesperornitiforme devorada por un dinosaurio hace unos 66 millones de años, y su análisis aporta una pista sobre por qué las aves modernas fueron el único linaje de dinosaurios que sobrevivió a la extinción masiva del final del Cretácico. El estudio se publicó en Current Biology.La pluma conservada dentro de heces fosilizadas sugiere que las diferencias en el plumaje, en especial su capacidad de aislamiento térmico, pudieron influir en qué aves sobrevivieron tras el impacto del asteroide de hace 66 millones de años. Según el estudio, los hesperornitiformes compartían rasgos con las aves modernas, pero también conservaban plumas más primitivas que pudieron reducir sus opciones de resistir el invierno posterior a la catástrofe. PUBLICIDADEl coprolito contenía varias plumas, diminutas escamas de pez aguja y huesos de las patas de un ave hesperornitiforme. Como los huesos y las plumas aparecieron juntos, los investigadores consideran razonable atribuir ese plumaje a esa ave acuática.Jingmai O’Connor, conservadora asociada de reptiles fósiles en el Museo Field de Chicago, destacó el estado del hallazgo: “Es una pluma preciosa y muy bien conservada, procedente de una fuente tan inesperada, y es emocionante que pueda ayudarnos a responder a esta gran pregunta en paleontología”.El fósil apareció en 2016 en el noreste de Montana, cuando David DeMar Jr., científico investigador y gestor de colecciones del Proyecto Hell Creek en el Museo Burke de la Universidad de Washington, recogía fósiles de peces en un afloramiento rocoso.PUBLICIDADDavid DeMar, Jr. sosteniendo la pluma fósil expuesta en el fragmento de coprolito el día de su descubrimiento en 2016. Crédito: David DeMar, Jr. - Gentileza, estudio doi: 10.1016/j.cub.2026.08.054, publicado en current-biologyDeMar relató que encontró un nódulo oscuro del tamaño aproximado de media pelota de golf y que, al revisarlo con lupa, vio una diminuta pluma fosilizada. También explicó que recibió el hallazgo con cautela, porque en la Formación Hell Creek no habían aparecido plumas ni después de más de 150 años de prospección.Ya en el laboratorio, el equipo estudió la composición mineral de la muestra y le realizó tomografías computarizadas. Esos escaneos revelaron el contenido interno del coprolito.Nate Carroll, paleontólogo del Museo del Condado de Carter en Ekalaka, Montana, explicó que la estructura plumosa completa quedó clara cuando la muestra pasó por un escáner de tomografía computarizada en el campus médico de la USC. “Cada hora procesando los datos descubría otra pluma, otra escama, otro hueso, en un asombroso 3D”.PUBLICIDADLas aves son un grupo especializado de dinosaurios y, tras el impacto de un asteroide hace 66 millones de años, casi todas desaparecieron. Solo sobrevivieron los Neornithes, el grupo del que descienden todas las aves actuales.Algunos científicos habían planteado que vivir cerca del agua pudo favorecer esa supervivencia. El nuevo trabajo pone en cuestión esa idea, porque los hesperornitiformes también habitaban entornos acuáticos y aun así se extinguieron.Pluma fósil conservada en excremento de dinosaurio. Crédito: O'Connor et al - Gentileza, estudio doi: 10.1016/j.cub.2026.08.054, publicado en current-biologyO’Connor sostuvo que la diferencia pudo estar en las plumas o en la forma en que estas aves mudaban el plumaje: “Creemos que el tipo de plumas que tenían estas aves, o la forma en que mudaban esas plumas, puede haber sido una de las causas subyacentes de la extinción masiva del final del Cretácico”.PUBLICIDADSegún el estudio, estas son las primeras plumas atribuidas a hesperornitiformes, y sus rasgos parecen situarse entre los de los enantiornítidos y los de las aves modernas. O’Connor señaló que algunas parecían modernas e impermeables, pero que también había plumas corporales pequeñas, suaves y primitivas.Esa combinación alimenta la hipótesis de que su plumaje aislaba peor del frío que el de los Neornithes. Si eso fue así, esa desventaja pudo influir en la supervivencia durante el invierno que siguió al impacto del asteroide.El hallazgo también tiene valor por su rareza, porque los fósiles de aves y, aún más, sus plumas aparecen pocas veces en el registro paleontológico. Greg Wilson Mantilla, profesor de la Universidad de Washington y conservador de paleontología de vertebrados en el Museo Burke, dijo que estos restos aportan información sobre la evolución de las plumas y sobre las relaciones entre depredadores y presas de aquella época.PUBLICIDADEl propio coprolito apunta a un episodio de depredación ocurrido al final de la era de los dinosaurios. El estudio plantea como hipótesis que el depredador pudo ser un T. rex o un Nanotyrannus.Para O’Connor, el trabajo mostró que los coprolitos pueden esconder información valiosa que pasa inadvertida a simple vista. El estudio plantea así una línea de trabajo basada en examinar este tipo de fósiles con tomografías computarizadas para detectar restos internos que de otro modo quedarían ocultos.