Hay nombres que aparecen en los archivos y otros que apenas dejan una huella. Antonio Pardo Tris tiene una ficha propia en el Portal de Archivos Españoles. Nació en Farasdués en 1913, era agricultor y arboricultor, militante del PSOE y de la UGT y combatió durante la Guerra Civil en el Ejército Popular de la República. Tras la derrota republicana pasó por el campo francés de Argelès-sur-Mer y el 24 de mayo de 1939 embarcó en el Sinaia rumbo a México. Llegó a Veracruz el 13 de junio. Después trabajó en Puebla y Chihuahua.
Su historia está documentada. La de su mujer aparece de otra manera. Se llamaba Gabriela Carrillo Sánchez. Nació en 1920 y estaba casada con Antonio Pardo. Su nombre aparece en la misma ficha de PARES, pero no como protagonista de una trayectoria propia. Aparece vinculada al expediente de su marido. La documentación de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles recoge que Antonio Pardo recibió ayuda para él y para su esposa Gabriela.
Es una frase aparentemente administrativa, pero también puede leerse como el reflejo de una forma de contar la historia. Él tiene nombre, profesión, militancia, itinerario político, campo de internamiento, barco y destino. Ella aparece como su esposa. Y ahí empieza esta historia. No porque Gabriela sea necesariamente un caso excepcional, sino porque su nombre permite hacerse una pregunta mucho más amplia que invita a reflexionar sobre cuántas mujeres participaron en el exilio republicano y quedaron registradas, cuando lo hicieron, a la sombra de un hombre.







